En cambio, en el siglo XIX, con la organización de la escuela, la matemática dejó de ser una especialidad y pasó a ser aprendida por todos los niños.
Tal como lo indican Carla Baredes y Pablo Pineau en “La escuela no fue siempre así” (2008), en la Edad Media la matemática era asunto de comerciantes, mercaderes y constructores. Por esa razón, los niños que aprendían matemática eran, justamente, los hijos de los comerciantes, los mercaderes y los constructores. Comenzaban a los nueve o diez años, cuando ya sabían leer palabras. Primero aprendían los números y a hacer cuentas. Después longitudes, pesos y medidas. Al final, a los once o doce años, aprendían a usar el dinero. Luego de esa educación, ya estaban listos para trabajar como sus padres.
En el siglo XIX, con la organización de la escuela, la matemática dejó de ser una especialidad y pasó a ser aprendida por todos los niños. Se sumaron la geometría, la resolución de problemas, las tablas de multiplicar, los compases, las escuadras y los transportadores. Y a fines de ese mismo siglo, se agregaron las Ciencias Naturales, las Ciencias Sociales, la Formación Cívica y Ciudadana, la Educación Física y el Dibujo.
En la Edad Media se usaban los números romanos, que eran muy originales pero no servían para hacer cuentas fácilmente. Eran tan complicados que los niños sólo aprendían a sumar, restar, multiplicar y dividir por dos. Para hacerlo, se usaba el ábaco, un aparato con muchas bolitas que se deslizaban a lo largo de unos alambres y que ya manejaban los griegos y los egipcios mil años antes.
Dominar el ábaco era tan importante que a las escuelas de matemática las llamaban “escuelas de ábaco”. Cuando llegaron los números arábigos, que son los que se utilizan ahora, hacer las cuentas fue mucho más sencillo, por lo que las escuelas de matemática tuvieron que abandonar los ábacos. Sin embargo, durante mucho tiempo siguieron llamándose “escuelas de ábaco”.
En la Edad Media, cuando había que hacer multiplicaciones y divisiones que no eran por dos, se contrataba a personas especializadas: los “calculistas”. Por ejemplo, para hacer los cálculos de las provisiones necesarias para el primer viaje de Colón, se contrató a un grupo de calculistas que tardó más de tres meses.
En Argentina la ley 1420 de 1884 decía que las niñas debían aprender, además de las materias comunes, “labores de manos y nociones de economía doméstica”. Los varones, por su parte, tenían que aprender algunos ejercicios y prácticas militares básicas y, si vivían en zonas rurales, “nociones de agricultura y ganadería”.
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