En medio del océano Pacífico, lejos de las grandes ciudades y de las rutas turísticas más conocidas, se encuentra Pingelap, un atolón que forma parte de los Estados Federados de Micronesia y que despierta el interés de científicos de todo el mundo por una razón poco común: una proporción inusualmente alta de su población no puede percibir los colores.
Se trata de una condición genética conocida como acromatopsia, que provoca visión en blanco y negro, poca nitidez y una mayor sensibilidad a la luz en general. Pero, ¿por qué en esa isla se concentra el mayor porcentaje de personas que la padecen?
Pingelap y el tifón que marcó su historia
Para entender por qué este fenómeno es tan frecuente en Pingelap, hay que retroceder más de dos siglos. En 1775, el atolón fue azotado por un tifón devastador llamado Lengkieki.
El desastre natural, sumado a la hambruna posterior, redujo la población de casi 1.000 personas a apenas unos 20 sobrevivientes, según relatan distintos estudios históricos y científicos.
Entre esos sobrevivientes se encontraba el rey hereditario de la isla, quien era portador de un gen mutado vinculado con la acromatopsia. Con el paso de las décadas y ante la necesidad de repoblar el territorio, sus descendientes se multiplicaron dentro de una comunidad muy pequeña.
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Esa situación favoreció la transmisión de genes recesivos, como el que causa esta alteración visual. Los primeros casos confirmados aparecieron recién en la década de 1920, varias generaciones después del tifón.
Actualmente, se estima que uno de cada tres habitantes de Pingelap padecen de acromatopsia, que afecta a hombres y mujeres por igual.
Las claves genéticas de la acromatopsia
La acromatopsia es un trastorno hereditario recesivo: para que se manifieste, una persona debe heredar el gen alterado tanto de la madre como del padre. En Pingelap, la mayoría de los casos están relacionados con una mutación en el gen CNGB3, ubicado en el cromosoma 8.
Este gen cumple un rol clave en el funcionamiento de los conos, las células de la retina responsables de percibir los colores y de la agudeza visual.
Cuando estos conos no funcionan correctamente, el cerebro no recibe la información necesaria para interpretar los colores. Por eso, quienes tienen acromatopsia ven el mundo en tonos de blanco, negro y gris.
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Además, suelen presentar una fuerte sensibilidad a la luz, lo que hace que el día resulte incómodo y que muchas actividades se realicen al amanecer, al atardecer o durante la noche. Es en ese momento cuando pueden ver mucho mejor que otras personas.
Vivir en Pingelap: ver el mundo de otra manera
Quien primero retrató el caso de estas personas con acromatopsia fue Oliver Sacks en su libro La isla de los ciegos al color, dejando registro de cómo viven.
En la vida cotidiana de Pingelap, la acromatopsia no es una rareza, sino parte de la comunidad. En el idioma local, el pingelapés, a las personas con esta condición se las llama maskun, una palabra que significa literalmente "no ve".
Lejos de ser un estigma, el término forma parte del lenguaje diario. Sin embargo, dados los bajos recursos disponibles para ayudar a quienes lo padecen, muchos de ellos quedan por fuera del sistema educativo ya que tienen dificultades para leer.