"Cortar el rostro" es una de esas expresiones que se repiten todos los días en charlas informales y por redes sociales. Hoy su significado nos resulta claro, pero en su origen tenía otro completamente distinto, lejos de la idea actual de ignorar o tratar con frialdad a otra persona.
El idioma español, como toda lengua viva, cambia con el paso del tiempo. Las palabras y frases no solo se transforman en su forma, sino también en su sentido. Muchas expresiones populares nacieron en contextos históricos, sociales o culturales muy distintos a los actuales, y "cortar el rostro" es un buen ejemplo de ese recorrido.
Qué quiere decir "cortar el rostro"
Actualmente la frase se usa, como puede sospecharse, de manera metafórica, es decir no literal. Cuando alguien dice, por ejemplo: "estábamos bien pero de repente me cortó el rostro", se refiere a una actitud de desprecio, indiferencia o rechazo.
Es una forma coloquial de describir una situación incómoda, como cuando una persona evita el saludo o decide no responder. Los motivos a veces se conocen, a veces no. Pero, ¿cuál es el origen de esta frase tan particular?
Cortar el rostro: un castigo literal dentro de la cárcel
El origen de "cortar el rostro" se ubica en el ámbito carcelario, donde las normas internas entre presos tenían un peso central. En ese contexto, los delatores —también llamados "buchones"— eran duramente castigados por romper el código no escrito que organizaba la convivencia.
Una de las sanciones a aquellos transgresores consistía en provocar un corte visible en la cara del acusado. La marca debía ser imposible de ocultar, incluso dejando crecer la barba o el bigote. De ese modo, el rostro cortado funcionaba como una señal permanente de traición ante los demás.
Marcar la cara tenía un sentido claro: advertir a todos sobre la conducta del castigado. Con el tiempo, esa práctica violenta dio lugar a una expresión metafórica que sobrevivió fuera de la cárcel, aunque con un significado muy distinto y menos literal.
Cómo se usa hoy
En la actualidad, la expresión "cortar el rostro" perdió su vínculo directo con la violencia física, pero conserva la idea de quiebre en el vínculo social. Se utiliza en situaciones cotidianas para describir actitudes de rechazo o distancia, como por ejemplo:
- Cuando alguien ignora a propósito a otra persona.
- Si una relación cambia de forma repentina y se vuelve fría.
- Al recibir una respuesta seca o directamente ninguna respuesta.