¿Por qué algunos mares son mucho más salados que otros? - Billiken
 

¿Por qué algunos mares son mucho más salados que otros?

La evaporación concentra la sal, mientras las lluvias y los ríos diluyen el agua marina. Ese equilibrio explica por qué el mar Rojo y el Báltico tienen salinidades tan diferentes.
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Tomar accidentalmente un poco de agua del mar alcanza para comprobar que es muy diferente del agua de un río. Pero incluso dentro de los océanos existen enormes variaciones: hay regiones en las que el agua es mucho más salada que en otras.

La salinidad expresa la concentración de sales disueltas en el agua. En el océano abierto, el promedio ronda las 35 partes por mil, es decir, aproximadamente 35 gramos de sales por cada kilogramo de agua de mar. Sin embargo, esa cifra cambia según las condiciones de cada región.

¿Por qué hay mares más salados que otros?

Naturaleza.

Uno de los factores más importantes es la evaporación. Cuando el Sol calienta la superficie del mar, parte del agua pasa a la atmósfera en forma de vapor, pero las sales permanecen detrás. Si se evapora mucha agua y entra poca agua dulce para reemplazarla, la concentración salina aumenta.

Las precipitaciones producen el efecto contrario: agregan agua dulce y diluyen la sal. Lo mismo sucede con los ríos, el deshielo y otros aportes continentales. NASA explica que el mapa mundial de salinidad refleja en gran medida este equilibrio entre evaporación y precipitaciones, aunque también intervienen los ríos, el hielo y la circulación oceánica.

Así, cuatro factores resultan fundamentales:

  • Evaporación: elimina agua pero deja las sales, por lo que aumenta su concentración.
  • Lluvias y nieve: incorporan agua dulce y disminuyen la salinidad.
  • Ríos y deshielo: también aportan agua dulce a mares y costas.
  • Corrientes y conexiones oceánicas: transportan y mezclan masas de agua con distintas concentraciones de sal.

La conexión con el océano también explica los mares más salados

La forma de cada mar resulta decisiva. Una masa de agua ampliamente comunicada con el océano puede renovar y mezclar sus aguas con facilidad. En cambio, un mar casi encerrado por continentes y unido al océano mediante pasos estrechos intercambia agua mucho más lentamente.

Si además se encuentra en una región cálida y seca, con evaporación intensa, pocas precipitaciones y escasos ríos, la sal puede concentrarse.

El mar Rojo es un ejemplo extremo. NOAA señala que sus aguas y las de la región del golfo Pérsico pueden alcanzar alrededor de 40 partes por mil, debido a la fuerte evaporación y al reducido aporte de agua dulce.

La Fundación Aquae también destaca que el mar Rojo presenta valores cercanos a 40‰, bastante superiores al promedio oceánico.

Esto no significa que la evaporación cree sal. Simplemente retira moléculas de agua y deja atrás las sustancias que ya estaban disueltas, haciendo que queden más concentradas.

Ejemplos de mares más salados y menos salados

En el otro extremo aparece el mar Báltico, al norte de Europa. Es uno de los mayores cuerpos de agua salobre del planeta: recibe agua dulce de numerosos ríos y su intercambio con el mar del Norte es limitado.

HELCOM, la comisión internacional encargada de la protección del Báltico, explica que la salinidad superficial desciende desde aproximadamente 15–18 en su entrada hasta apenas 0–2 en algunas regiones del norte y el este. El recambio completo de sus aguas tarda alrededor de 30 años.

La Fundación Aquae menciona también al mar Negro, cuya salinidad suele encontrarse por debajo de 20‰, mientras que el Báltico presenta valores todavía menores.

Estos contrastes muestran que no alcanza con saber que un cuerpo de agua es un “mar”. Su ubicación geográfica y su ciclo del agua pueden producir condiciones muy diferentes.

¿De dónde salió originalmente tanta sal?

Mares.

Buena parte de las sales oceánicas procede de un proceso que lleva millones de años. La lluvia desgasta lentamente las rocas continentales y libera iones y minerales que llegan a los arroyos y ríos. Finalmente, estos cursos transportan esas sustancias hasta el océano.

También existen aportes desde el propio fondo marino. Según NOAA, el sodio y el cloruro representan juntos cerca del 85% de los iones disueltos en el agua oceánica.

Puede resultar paradójico: los ríos llevan sales al océano, pero cerca de sus desembocaduras suelen reducir la salinidad. Esto ocurre porque la concentración de minerales del agua fluvial es muchísimo menor y el enorme aporte de agua dulce produce un efecto de dilución.

Los mares más salados, entonces, no reciben necesariamente más sal que los demás. Muchas veces conservan menos agua dulce. La salinidad es el resultado de un equilibrio permanente entre el agua que llega, la que se evapora y la que puede intercambiarse con otros mares y océanos.

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