Cada cuatro años, el calendario sorprende con un detalle particular: un año tiene 366 días en lugar de los habituales 365. Ese día "extra" aparece en febrero y da origen a lo que se conoce como años bisiestos.
Aunque parezca una rareza, en realidad se trata de una corrección necesaria para que el tiempo que medimos coincida con el movimiento real de la Tierra alrededor del Sol.
El planeta no tarda exactamente 365 días en completar una vuelta completa. El recorrido dura 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos. Esas horas sobrantes no entran en un calendario común, pero tampoco pueden ignorarse. Si se hiciera, con el paso del tiempo las estaciones empezarían a correrse de lugar.
Por eso, cada cuatro años, esas horas acumuladas forman un día completo que se suma al calendario. De esta manera, se evita que, por ejemplo, la primavera deje de comenzar cerca del 21 de marzo.
¿Qué son exactamente los años bisiestos y por qué existen?
Los años bisiestos son una solución matemática y astronómica. Sirven para ajustar el calendario civil al año solar, que es el tiempo real que tarda la Tierra en girar alrededor del Sol.
Sin este ajuste, cada 12 años el calendario se desfasaría unos tres días, y en pocos siglos el verano podría comenzar en meses completamente distintos.
Este sistema no es nuevo. Ya en el Antiguo Egipto se había detectado el problema, y fue Julio César quien lo incorporó al calendario romano en el año 46 a. C., dando origen al calendario juliano.
Más tarde, en 1582, el papa Gregorio XIII introdujo una reforma para corregir nuevos desajustes y creó el calendario gregoriano, que es el que se usa hoy en gran parte del mundo.
Reglas curiosas del año bisiesto
Para saber si un año es bisiesto, no alcanza solo con dividirlo por cuatro. El calendario gregoriano establece algunas excepciones:
- Los años cuyas dos últimas cifras son divisibles por 4 suelen ser bisiestos.
- Los años múltiplos de 100 no lo son.
- Los años divisibles por 400 sí vuelven a ser bisiestos, como ocurrió en 2000.
Además, aunque hoy se asocia el día extra al 29 de febrero, en la Antigua Roma el ajuste se hacía de otra manera: se repetía el 24 de febrero. De allí proviene el nombre “bisiesto”, del latín bis sextus dies, que significa “dos veces el sexto día antes de las calendas de marzo”.
Gracias a este sistema, el calendario gregoriano solo se desfasará un día recién dentro de unos 3.300 años. Es, por el momento, una de las correcciones de tiempo más precisas creadas por la humanidad.