Rosita Ziperovich, una luchadora incansable por la educación pública y los derechos humanos - Billiken
 

Rosita Ziperovich, una luchadora incansable por la educación pública y los derechos humanos

Fue maestra, supervisora y trabajó hasta sus últimos días. Tenía la visión de una educación de calidad accesible para todos. En esta nota, Billiken te cuenta más sobre su historia.
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Rosa Weinschelbaum de Ziperovich fue una destacada docente argentina, cuyo nombre permanece en la memoria colectiva de Santa Fe, su provincia natal. Fue maestra, supervisora y una luchadora incansable por los derechos humanos y la educación pública.

Más conocida como Rosita, nació en 1913 y desde pequeña se destacó por su sensibilidad y su gusto por la lectura. Luego de recibirse de maestra llegó a la ciudad de Rosario, donde se desempeñó como vicedirectora en la Escuela Provincial Almafuerte y, en 1950 ocupó el cargo de directora en la Escuela N° 119.

Además, publicó dos libros. Uno de ellos fue “Enseñanza moderna de matemática" (1969), trabajo por el que ganó reconocimiento nacional e internacional. En 1973 salió publicado “Estadística elemental para la escuela primaria”, su segundo libro.

Su visión sobre la educación la llevó a concebir a la escuela como una institución donde realizar la práctica social necesaria para generar transformaciones sociales vinculadas a una vida más justa y democrática.

Una de sus consignas principales era: leer para aprender, comprender, estudiar y disfrutar. Así, originó un gran movimiento de bibliotecas escolares. Paralelamente, planteaba una educación de calidad accesible para todos y la importancia tanto del ingreso como de la retención de todos los chicos en el sistema escolar.

Durante el período de la última dictadura militar, entre 1976 y 1983, trabajó colaborando con un asilo de ancianos y, al finalizar el gobierno de facto, Rosa volvió a la docencia como profesora Asociada en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario.

Una anécdota contada por la profesora Liliana Sanjurjo en diálogo con el diario La Capital, refleja el espíritu incansable de Rosita. Cuenta que un día la vieron haciendo fila frente a la oficina de alumnado de la Facultad de Humanidades y Artes para inscribirse en la carrera de Ciencias de la Educación. En ese momento tenía 74 años. Uno de los profesores de esa casa de estudios la vio, le preguntó por qué estaba ahí y le dijo: "de ninguna manera, usted debe estar como docente" y la incorporó a su cátedra.

En 1993 el Honorable Concejo Municipal la declaró Ciudadana Ilustre. En 1994, con 81 años, fue convencional constituyente, lo que la llevó como candidata a recorrer toda la provincia, a pesar de su deteriorado estado de salud.

El 15 de noviembre de 1995 falleció, mientras se desempeñaba como secretaria de Cultura de la Asociación del Magisterio de Santa Fe.

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