La estación Worth Street fue una parada local de la línea Lexington Avenue del metro de Nueva York, ubicada en el sector de Civic Center, en el bajo Manhattan, cerca de la intersección de Lafayette Street y Worth Street. Formó parte del primer sistema subterráneo moderno de la ciudad y abrió sus puertas el 27 de octubre de 1904, el mismo día en que comenzó a funcionar la red original del metro neoyorquino.
Worth Street: cuándo se inauguró y qué tipo de estación fue

La estación Worth Street fue una estación subterránea de tipo local, con dos andenes laterales y cuatro vías. Como otras paradas de la red original del IRT, fue construida con revestimientos de azulejos, mosaicos decorativos y una estética que hoy remite a los primeros años del subte de Nueva York. En su momento, era una estación plenamente funcional dentro del crecimiento acelerado de Manhattan a comienzos del siglo XX.
Su apertura coincidió con un momento decisivo para la ciudad. El nuevo metro estaba cambiando la forma de moverse por Nueva York y ayudaba a conectar barrios que hasta entonces dependían más de los tranvías o de los trenes elevados. En ese contexto, Worth Street fue una de las 28 estaciones originales del sistema.
Entre los datos principales de Worth Street se destacan estos:
- Apertura: 27 de octubre de 1904,
- Cierre: 1 de septiembre de 1962,
- Estructura: dos andenes laterales y cuatro vías.
Worth Street: por qué cerró en 1962
La historia de Worth Street cambió por completo a mediados del siglo XX. En 1957, la New York City Transit Authority anunció que la estación sería cerrada como parte de un plan para mejorar la estación vecina de Brooklyn Bridge–City Hall. El objetivo era extender y enderezar los andenes de esa parada para permitir la operación más eficiente de trenes de diez coches, algo cada vez más importante en una red que movía enormes cantidades de pasajeros.
El problema era la distancia. Si Worth Street seguía abierta, quedaría demasiado cerca de la estación ampliada de Brooklyn Bridge–City Hall: apenas unos 600 pies —menos de 200 metros—, una separación considerada demasiado corta para un servicio eficiente. Además, no había un sistema de señales adecuado para operar con estaciones tan próximas sin afectar la velocidad de la línea. Por eso, finalmente se decidió clausurarla.
La estación cerró el 1 de septiembre de 1962. Tras esa decisión, la vecina Brooklyn Bridge–City Hall incluso pasó a ser conocida durante un tiempo como Brooklyn Bridge–Worth Street, una señal de que absorbió parte de la función que antes cumplía la parada cerrada.
Worth Street: qué ocurrió con el lugar después del cierre

Después de 1962, Worth Street quedó abandonada como estación de pasajeros, pero no desapareció. Sus andenes siguieron existiendo detrás de los muros y del paso cotidiano de los trenes que circulan por la línea. Con los años, muchas de sus decoraciones quedaron cubiertas por suciedad, desgaste y grafitis, aunque todavía sobrevive parte de la estructura original.
Esa permanencia casi intacta es una de las razones por las que el lugar despierta tanto interés. No se trata de una ruina al aire libre, sino de un fragmento de la vieja Nueva York escondido bajo la ciudad actual.
Worth Street: por qué genera tanto misterio entre turistas y curiosos
Una de las mayores curiosidades de Worth Street es justamente esa mezcla entre invisibilidad y permanencia. Miles de personas pasan por encima todos los días y muchísimos trenes cruzan la zona, pero la estación ya no forma parte del mapa activo del subte. Eso la convirtió en una de las llamadas “estaciones fantasma” de Nueva York. Esta caracterización surge de su cierre definitivo y de la continuidad física del espacio dentro de una red aún operativa.
También llama la atención su valor histórico. Como integró la primera línea del metro de la ciudad, Worth Street no fue una estación menor dentro del origen del sistema, sino una pieza auténtica de la Nueva York de 1904. Ese detalle la vuelve especialmente atractiva para quienes se interesan por la historia urbana y por los espacios ocultos bajo Manhattan.
Hoy no se puede visitar libremente como una atracción turística convencional. Sin embargo, sigue despertando fascinación desde afuera, a través de fotos históricas, investigaciones y relatos sobre el subte neoyorquino. Y ahí está parte de su magnetismo: Worth Street ya no transporta pasajeros, pero todavía conserva la capacidad de llevar la imaginación hacia otra época de la ciudad.

