Los cospeles del subte de Buenos Aires eran una parte vital de los viajes en dicho transporte público. Sin ellos, de hecho, era imposible realizar el viaje, porque cumplían la función que hoy tienen las tarjetas SUBE y los celulares: la de permitirnos pasar el molinete.
Para quienes no llegaron a verlos o usarlos, eran pequeñas fichas de 18.5 milímetros de diámetro, es decir cerca de 2 centímetros, que pesaban 1.5 gramos. Tenían más o menos el mismo tamaño y forma que las monedas de 25 centavos, que en muchos casos se usaban como "truco" para pasar el molinete si venía el subte y no tenías cospel.
Pero, como todo, la tecnología también cambia, y para principios del 2001 los cospeles desaparecieron de las estaciones de subte para ser reemplazados por un sistema más rápido y eficaz.
¿Cómo cambió la forma de pago en el subte de Buenos Aires? Una breve historia

El primer subte de Latinoamérica y del Hemisferio Sur fue el de Buenos Aires, cuando se inauguró en 1913 la Línea A, que en ese entonces unía las estaciones de Plaza de Mayo y Plaza Miserere. En ese momento, la forma de acceder al subte era a través de unos boletos de papel.
Antes de viajar, había que comprar uno en las boleterías de la estación. Luego, una persona verificaba manualmente el boleto y lo picaba con una pinza si era correcto. Por último, permitía el paso al andén, sin molinetes de por medio. Con el tiempo, los medios de pago fueron cambiando:
- Hasta los años 60 se usaron vouchers intercambiables por boletos físicos.
- Entre los 60 y 1999, el protagonista fue el cospel, que trajo consigo a los molinetes.
- Entre 1999 y la década de 2010, se usaron las famosas "subtepass", una tarjetas magnéticas, y boletos sin contacto.
- A mediados de la década de 2010 apareció la SUBE, que unificó la forma de pago en todo el transporte público.
- A fines de 2024 se incorporó un sistema multipago, que acepta tarjeta de crédito, débito, prepagas y billeteras virtuales (a través del teléfono celular).
Ahora, tanto los cospeles como las tarjetas magnéticas son objetos de colección que muestran cómo se viajaba (y también cómo se vivía) en otra época.
Imagen de portada: Museo de la Legislatura, Ciudad de Buenos Aires.