Cuando empieza a llover, muchas personas sacan un paraguas casi de manera automática de sus mochilas, bolsos o carteras. Sin embargo, este hábito cotidiano no existió siempre. De hecho, durante mucho tiempo, usar un paraguas fue un privilegio de pocos, vinculado al estatus social.
Hoy es un objeto práctico y económico, disponible en muchos formatos. Pero su historia es mucho más larga —y curiosa— de lo que parece. Para rastrear sus orígenes hay que retroceder varios siglos y recorrer culturas de distintas partes del mundo.
La función de los primeros paraguas

Los primeros registros del uso del paraguas no están relacionados con la lluvia, sino con el Sol. En civilizaciones como la egipcia, la griega y la china, se utilizaban versiones rudimentarias del paraguas como sombrillas. Estos objetos estaban hechos con materiales como plumas, hojas de palma o seda, y los usaban sobre todo las clases altas.
En la antigua China, por ejemplo, ya se utilizaban paraguas plegables alrededor del siglo XI a. C., es decir hace más de 12.000 años, pero eran exclusivos de la nobleza. En Europa, el accesorio llegó muchísimo más tarde y recién ganó popularidad en el siglo XVIII.
De símbolo aristocrático a accesorio popular

Durante siglos el paraguas fue caro y poco accesible. Su estructura —de madera, varillas metálicas y telas especiales— hacía que fuera difícil de producir en grandes cantidades. Pero eso cambió con la Revolución Industrial. A partir del siglo XIX, comenzaron a fabricarse paraguas más livianos, resistentes y, sobre todo, más baratos.
En Inglaterra, un personaje clave fue Jonas Hanway, un viajero y filántropo que vivió en el siglo XVIII y fue uno de los primeros hombres en usar paraguas en público, cuando todavía se los consideraba un objeto "femenino". Su gesto, según cuenta la historia, ayudó a normalizar el uso entre la población general.
A lo largo del tiempo, este accesorio fue transformándose tanto en su diseño como en su uso. En 1852, el industrial británico Samuel Fox inventó el paraguas con estructura de acero. Esto los hizo más resistentes, livianos y fáciles de producir en serie.
Para el siglo XX, este objeto portátil se volvió un producto masivo. Comenzaron a fabricarse modelos automáticos, impermeables, plegables y con diseños variados.
Hoy existen paraguas invertidos, con filtros UV, de bolsillo, inteligentes (que se conectan al celular) y hasta transparentes. Además de ser funcional, hoy es también un objeto de diseño y hasta podríamos decir de moda.
