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Los retos de enseñar a personas con síndrome de Asperger

Marina Jodra Chuan, profesora del departamento de personalidad, evaluación y psicología clínica de la Universidad Complutense de Madrid, analiza las complejidades de la tarea docente frente a los niños con necesidades especiales en el ámbito de la educación.

Desde el año 2007, el 18 de febrero se celebra el Día Internacional del síndrome de Asperger (SA). Esta fecha conmemora el aniversario del nacimiento de Hans Asperger, psiquiatra austríaco que describió por primera vez este síndrome en 1944.

Las personas con síndrome de Asperger tienen peculiaridades y necesidades especiales en el ámbito de la educación. Estas hacen necesaria la formación específica de los profesionales, la adaptación de los centros educativos o la atención específica al acoso escolar.

El síndrome de Asperger se incluyó en los manuales diagnósticos en 1992 y en la actualidad forma parte de los trastornos del espectro del autismo (TEA), caracterizados por la presencia de dificultades en la comunicación social y patrones repetitivos y restringidos de conducta, actividades e intereses.

Este síndrome presenta unas características específicas que no siempre son bien entendidas y tratadas en entornos educativos. La edad de diagnóstico media se encuentra en la actualidad en los 6,2 años, siendo este el primer reto: cuanto antes se detecte, mejor podremos entender y apoyar a la persona en las primeras etapas del desarrollo.

Estudios recientes que citamos a continuación destacan algunos aspectos que hay abordar en las escuelas para mejorar la inclusión y la atención educativa del alumnado con Asperger.

Formación específica de los profesionales

Es vital que los profesionales involucrados en la educación de estas personas entiendan y conozcan el síndrome y lo que supone. Frecuentemente, el profesorado percibe carencias y necesidades en su formación específica. Las familias y el alumnado, por su parte, también señalan la formación específica como un elemento fundamental para que se produzca una educación de calidad.

Las áreas más destacadas en las que se necesita formación son el manejo de los problemas de conducta, la intervención en habilidades sociales y la comunicación con el alumnado con síndrome de Asperger.

Estructuración y adaptación del entorno

Es importante que los centros se adapten a todo el alumnado y no al revés. En el caso de los alumnos y alumnas con Asperger, necesitan que se tomen medidas especiales como la reducción del ruido, la estructuración del ambiente, la utilización de sistemas de comunicación aumentativos o alternativos, la sensibilización del resto de alumnos acerca de las características del síndrome, el desarrollo de planificaciones individualizadas de la enseñanza o el tamaño de los centros.

En un estudio, los autores Zainal y Magiatti observaron que los déficits en la adaptación del entorno incrementan la ansiedad y fobia sociales en el alumnado con síndrome de Asperger.

Acoso escolar

En los últimos años se está produciendo un aumento de casos de acoso hacia alumnos y alumnas con trastornos del espectro del autismo. En el estudio de Adams, Taylor, Duncan y Bishop se analiza a 54 adolescentes con TEA e indica que el 35 % sufre acoso al menos una vez al día y el 50 % al menos una vez a la semana.

Por lo tanto, es necesaria la implementación de programas, como la “tutoría entre iguales”, que tengan por objetivo disminuir la incidencia de acoso escolar.

Es fundamental la colaboración con otros profesionales como psicólogos educativos o profesores asistentes y con otros centros. Además, la comunicación entre centro y familias es una variable facilitadora de la inclusión educativa.

Intervenciones fuera del centro educativo

Por último, destacan los beneficios de las intervenciones complementarias. McDonalds et al vieron que, de 89 estudiantes con trastornos del espectro del autismo, el 70,8 % acudían al logopeda, el 56,2 % a terapia ocupacional, el 15,7 % realizaban alguna intervención en problemas de conducta y el 16,9 % en habilidades sociales.

Estas variables inciden en el éxito de los procesos de inclusión educativa de alumnos con trastornos del espectro del autismo y síndrome de Asperger, y su análisis nos permitirá mejorar algunos aspectos de nuestro sistema educativo.

Las personas con síndrome de Asperger necesitan que los profesionales que les rodean posean una formación especializada para realizar las adaptaciones e intervenciones específicas que cada persona necesite. Además, la cultura inclusiva del resto de la comunidad educativa es un requisito imprescindible, por lo que también será necesario realizar modificaciones a nivel institucional encaminadas a la sensibilización social.

(artículo publicado originalmente en The Conversation)

The Conversation

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