El Andrea Doria fue uno de los transatlánticos más famosos de Italia en el siglo XX. Su nombre homenajeaba al almirante genovés Andrea Doria y su lanzamiento fue visto como una muestra del orgullo de un país que buscaba recuperar prestigio tras la Segunda Guerra Mundial.
Lujoso, moderno y muy admirado, este barco tuvo una vida breve: realizó su viaje inaugural en 1953 y se hundió en julio de 1956, después de una colisión cerca de la costa de Nantucket, en Estados Unidos.
Andrea Doria: un símbolo del lujo italiano

El Andrea Doria fue construido en los astilleros Ansaldo, en Génova. Fue botado el 16 de junio de 1951 y comenzó a operar el 14 de enero de 1953, cuando inició su viaje inaugural rumbo a Nueva York. En ese momento, era uno de los barcos italianos más grandes, veloces y lujosos de su tiempo.
Tenía una eslora de 212 metros, una manga de 27 metros, diez cubiertas y capacidad para 1.200 pasajeros, además de una tripulación de unas 500 personas. Su velocidad de crucero era de 23 nudos y podía alcanzar un máximo de 26 nudos.
Pero el rasgo más recordado del Andrea Doria fue su lujo. Contaba con una decoración muy cuidada, obras de arte y espacios pensados para impresionar a sus viajeros. Incluso fue el primer barco de la ruta del Atlántico Norte en tener tres piscinas exteriores, una para cada clase: primera, cabina y turista.
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Andrea Doria: características, viajes y curiosidades
A lo largo de sus travesías, el Andrea Doria cubrió la clásica ruta entre Génova y Nueva York. Era, además, el barco gemelo del Cristoforo Colombo, otra nave emblemática de la marina italiana de la época.
Entre los datos más llamativos del barco se pueden mencionar:
- Viaje inaugural: 14 de enero de 1953.
- Capacidad: 1.200 pasajeros y 500 tripulantes.
- Cubiertas: 10.
- Velocidad máxima: 26 nudos.
También tenía fama de ser uno de los barcos más seguros de su tiempo. Estaba equipado con doble casco, once compartimentos estancos y radar de alerta temprana. Sin embargo, distintas investigaciones posteriores señalaron que presentaba problemas de estabilidad lateral, algo que se había notado incluso en su viaje inaugural, cuando una gran ola lo hizo escorar cerca de 30 grados.
Entre las leyendas que circulan alrededor de este barco, se decía que en su interior viajaban objetos de gran valor, desde joyas y pieles hasta miles de botellas de vino italiano. Esa combinación de lujo, misterio y tragedia ayudó a convertir al Andrea Doria en una de las historias marítimas más recordadas del siglo XX.
Andrea Doria: cómo fue el accidente y cuándo se hundió

La noche del 25 de julio de 1956, el Andrea Doria navegaba hacia Nueva York en su viaje número 101, cerca de Nantucket, en medio de una niebla espesa. En esas condiciones, se cruzó con el transatlántico sueco MS Stockholm. Ambos barcos hicieron maniobras que terminaron generando confusión y, finalmente, el Stockholm impactó con su proa en el costado de estribor del buque italiano.
La colisión fue devastadora. El Andrea Doria comenzó a inundarse y a inclinarse cada vez más. Aunque la cercanía de otros barcos permitió evacuar a la mayoría de las personas a bordo, el desastre dejó un saldo de 51 muertos: 46 del Andrea Doria y 5 del Stockholm.
El rescate fue rápido para la magnitud del accidente. En apenas cuatro horas, la nave quedó prácticamente vacía. Sin embargo, el transatlántico no pudo salvarse: se hundió a las 10.09 de la mañana del 26 de julio de 1956. Así terminó, en tres años, la historia de una de las grandes joyas de la navegación italiana.
Hoy, el Andrea Doria sigue despertando interés por una razón doble: fue una maravilla de la ingeniería y el diseño, pero también protagonista de uno de los naufragios más impactantes de la posguerra. Su historia combina lujo, prestigio, errores de navegación y tragedia, una mezcla que todavía fascina a historiadores, buzos y amantes del mar.
