Pulperías de Buenos Aires: tradición, cultura popular y legado histórico - Billiken
 

Pulperías de Buenos Aires: tradición, cultura popular y legado histórico

Hoy en día algunas de ellas siguen vigentes en distintas localidades del país y siguen transmitiendo las costumbres del gaucho argentino. En esta nota, Billiken te cuenta sus principales características. 
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Las pulperías fueron un lugar icónico de encuentro social hasta fines del siglo XIX. Hoy en día algunas de ellas siguen vigentes en distintas localidades del país y, más allá del paso del tiempo, siguen transmitiendo las costumbres del gaucho argentino.

También llamadas almacenes de ramos generales, habitualmente estaban construidas con adobe y tenían piso de tierra o ladrillo y techos de paja. Por allí pasaban los viajantes y parroquianos, quienes compraban provisiones y pasaban el rato comiendo o bebiendo algo. Generalmente, estos locales estaban ubicados en puntos estratégicos y vendían ropa, además de comida y bebidas. El diseño era más o menos similar en todas: un mostrador y una reja separaban al vendedor o pulpero de los visitantes.

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Lugares de socialización

Como dice Felipe Pigna, la pulpería “era el único lugar de encuentro posible para el gaucho en la inmensidad y soledad de la pampa”. Y ahí radica su principal característica. Más allá de las provisiones, de lo que se pudiera beber o comer, en las pulperías los habitantes de la Pampa se encontraban con otros con quienes podían conversar después de meses de permanecer aislados por los trabajos y las obligaciones.

Un ejemplo de esto es que muchas de ellas contaban con pistas de baile o incluso con pequeños teatros. Efectivamente, llegaron a convertirse en lugares de sociabilización y de transmisión cultural. Además, en algunas pulperías, los domingos podía asistirse a las carreras cuadreras o de sortija y a las clásicas payadas.

Las pulperías estaban tanto en la ciudad como en el campo. Las más sencillas vendían solo bebidas alcohólicas, tabaco, yerba, sal y azúcar. Lo más solicitado era el aguardiente, cuya provisión venía en su mayor parte Mendoza y San Juan. Por su parte, el vino llegaba desde España transportado en barriles de madera conducidos por carretas especiales. Mientras, la sal se utilizaba principalmente para la conservación de las carnes.

Todavía hoy, muchas pulperías se conservan intactas en localidades como San Antonio de Areco, Exaltación de la Cruz, Campana y Chivilcoy, entre muchas otras.

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