El lunfardo surgió en el Río de la Plata entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, en un contexto marcado por la inmigración y la convivencia de lenguas distintas en Buenos Aires y sus alrededores.
En los conventillos y talleres de los barrios populares cercanos al puerto, palabras del italiano, del español, del francés y de otros orígenes empezaron a mezclarse con naturalidad.
Al principio, ese vocabulario fue asociado al mundo del delito y a los márgenes urbanos. De hecho, la palabra “lunfardo” deriva de lombardo, un gentilicio procedente de Italia que en ciertos usos llegó a significar “ladrón”. Con el tiempo, sin embargo, el término pasó a nombrar una parte central del habla popular rioplatense.
Ese cambio fue decisivo, ya que el lunfardo dejó de ser visto como un código cerrado y se volvió una fuente de palabras cotidianas, difundidas también por el tango, el sainete, la literatura y, más tarde, por el cine, la radio y la televisión. Hoy muchas de esas voces siguen vivas en la Argentina.
Palabras del lunfardo para nombrar a la policía

Entre las huellas más claras que dejó el lunfardo aparecen las formas de nombrar a la policía. En el habla cotidiana todavía sobreviven términos como cana, cobani y yuta, tres palabras que circularon durante décadas en Buenos Aires y que luego se expandieron mucho más.
“Cobani”, por ejemplo, se explica como un caso de vesre, un recurso muy típico del lunfardo que invierte sílabas para formar una nueva palabra. “Yuta”, en cambio, se vincula con el italiano giustizia o giusta (el que imparte justicia), adaptado al habla rioplatense.
"Pibe" y otras formas del lunfardo para hablar de los niños
Otra palabra que está completamente incorporada al español argentino es "pibe". Hoy se usa para hablar de un niño, de un adolescente o incluso de una persona joven, pero su origen está ligado al lunfardo y a la fuerte influencia de la inmigración italiana en el Río de la Plata.
Con los años, “pibe” salió del registro más barrial y terminó apareciendo en canciones, películas, medios de comunicación y conversaciones de todo tipo. Lo mismo ocurrió con "guachín", que proviene de “guacho” y significa “huérfano” o “chico desprotegido”.
Las muchas maneras de nombrar al dinero

Si hay un terreno donde el lunfardo mostró su creatividad, ese fue el del dinero. Palabras como "guita", "mosca", "biyuya", "mango", "luca" o "gamba" siguen muy presentes en la Argentina actual y conviven con el término formal sin ningún problema.
Ese repertorio no solo revela ingenio verbal. También muestra hasta qué punto el lunfardo se volvió parte del habla diaria: ya no hace falta estar en un tango antiguo o en un arrabal porteño para escuchar estas palabras. Alcanzan una charla cualquiera, una cancha o una fila del kiosco.
Otras palabras del lunfardo que usamos sin darnos cuenta
El lunfardo también dejó una colección enorme de términos para objetos, situaciones y actitudes de todos los días. Algunos de los más conocidos son:
- Bondi, una forma de decir colectivo que llegó desde el portugués de Brasil.
- Chamuyo, usada para hablar de una charla persuasiva o engañosa.
- Fiaca, que se usa cuando alguien siente pereza o cansancio.
- Changa, para nombrar un trabajo ocasional o transitorio.
La persistencia de estas palabras ayuda a entender por qué el lunfardo sigue siendo un rasgo fuerte de la identidad rioplatense. Incluso existe una Academia Porteña del Lunfardo, fundada en 1962 por iniciativa de José Gobello, Nicolás Olivari y Amaro Villanueva, dedicada al estudio del habla popular y de la cultura de Buenos Aires.

