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¿Cómo puede un pingüino conocido desde hace siglos resultar ser una especie nueva?

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Parecía prácticamente idéntico a otros pingüinos papúa y había ejemplares conservados desde el siglo XIX. El ADN reveló que llevaba mucho tiempo siguiendo su propio camino evolutivo.
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Una especie nueva de pingüino puede pasar inadvertida durante más de un siglo aunque los científicos tengan ejemplares frente a sus ojos. Eso ocurrió con Pygoscelis kerguelensis, un ave que habita las remotas islas Kerguelen, en el sur del océano Índico. Durante décadas fue considerada parte del gran grupo de los pingüinos papúa, pero el análisis de su ADN permitió descubrir que su historia evolutiva era diferente.

El estudio, publicado en 2026 en la revista Communications Biology, propone que aquello que se trataba como una sola especie de pingüino papúa comprende en realidad cuatro especies distintas. Una de ellas, la de Kerguelen, recibió por primera vez el nombre científico Pygoscelis kerguelensis.

¿Cómo descubrieron esta especie nueva de pingüino?

Una especie de pingüino llamativa.

El problema estaba a simple vista: los distintos pingüinos papúa se parecen muchísimo. Todos presentan el característico cuerpo blanco y negro, una mancha blanca sobre la cabeza, pico anaranjado y patas rosadas o anaranjadas.

Para resolver una discusión taxonómica que llevaba décadas, científicos de distintos países estudiaron los genomas completos de 64 pingüinos provenientes de diez colonias distribuidas por el océano Austral. También compararon tamaño corporal, características del plumaje, alimentación, época reproductiva y comportamiento.

El resultado mostró cuatro linajes claramente diferenciados: uno del norte, otro del sur, uno oriental y otro del sudeste. Este último corresponde principalmente a Kerguelen y fue denominado Pygoscelis kerguelensis.

Es un ejemplo de lo que los especialistas llaman biodiversidad críptica: especies que se parecen tanto exteriormente que sus verdaderas diferencias pueden permanecer escondidas hasta estudiar su genética, ecología y evolución.

El pingüino ya estaba en los museos desde el siglo XIX

Lo curioso es que nadie tuvo que encontrar una colonia desconocida.

El ejemplar utilizado como referencia para describir P. kerguelensis fue recolectado en Kerguelen en 1897 y se conserva en el Museo Americano de Historia Natural. Otros ejemplares estudiados habían sido recolectados incluso antes, durante expediciones de 1874 y 1888.

Durante todo ese tiempo se los clasificó junto con otros pingüinos papúa porque sus diferencias físicas son pequeñas. El nuevo estudio encontró que el tamaño ayuda a separarlos, pero fue principalmente la evidencia genética la que reveló que los cuatro grupos siguieron caminos evolutivos independientes.

Además, los científicos hallaron diferencias genéticas relacionadas con características como la regulación de la temperatura, el transporte de oxígeno, el metabolismo y el desarrollo del esqueleto.

¿Cómo pueden animales tan parecidos convertirse en especies diferentes?

Animal.

Una de las claves está en la geografía. Los pingüinos estudiados viven en islas y regiones muy separadas del océano Austral y suelen regresar a las mismas zonas para reproducirse.

Cuando dos poblaciones dejan de intercambiar individuos durante períodos muy largos, sus genes comienzan a acumular diferencias. Con el tiempo también pueden cambiar su tamaño, alimentación, comportamiento y adaptación al ambiente.

El estudio propone ahora reconocer cuatro especies: Pygoscelis papua, P. ellsworthi, P. taeniata y la nueva P. kerguelensis.

La propuesta todavía debe incorporarse a las distintas clasificaciones utilizadas por organismos y bases de datos internacionales, por lo que el número total de especies de pingüinos puede variar según la taxonomía que se consulte.

¿Por qué reconocer una especie nueva también ayuda a conservarla?

Separar estos animales en especies distintas no es solamente cambiarles el nombre.

Hasta ahora, los pingüinos papúa podían evaluarse como una única población muy extensa. Sin embargo, el estudio muestra que cada linaje tiene una distribución, una cantidad de individuos y amenazas diferentes. Incluso sus respuestas futuras al cambio climático podrían no ser iguales.

Por eso, los investigadores sostienen que reconocer la especie nueva de pingüino y distinguir a los otros linajes permitiría estudiar con mayor precisión cuáles necesitan medidas especiales de conservación.

El caso demuestra algo sorprendente: descubrir una especie no siempre significa encontrar un animal jamás visto. A veces, el verdadero descubrimiento consiste en mirar con nuevas herramientas un animal que la ciencia conoce desde hace más de cien años.

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