25 de mayo de 1810: el día de la revolución que cambió la historia de nuestro país - Billiken
 

25 de mayo de 1810: el día de la revolución que cambió la historia de nuestro país

Después de muchas presiones y amenazas, el Cabildo accedió a formar una nueva Junta, esta vez sin el virrey. Ese día nacía la Argentina, aunque quizá los protagonistas no se dieran cuenta.

Los sucesos del viernes 25

El Cabildo no quiso aceptar la renuncia de la Junta formada el día anterior. ¡Y se armó el lío! Los Infernales de French y Beruti, identificados con cintas blancas y un penacho rojo en sus sombreros, ocuparon la plaza a puro griterío. Los jefes militares quitaron su apoyo a las autoridades. Poco más tarde se conoció la renuncia de Cisneros. ¿Qué hacer?

Llovía y hacía frío. Apareció entonces una lista con nuevos miembros para formar gobierno. Pero había pasado el mediodía y casi nadie quedaba en la plaza. “¿Y el pueblo dónde está?”, preguntó entonces el síndico Leiva, desafiante. Los pocos que quedaban en la plaza eran los más exaltados. Al oír las palabras de Leiva, estallaron: “Si hasta ahora fuimos prudentes, será preciso pasar a la violencia”. No había margen. Los capitulares (los miembros del Cabildo) así lo entendieron y anunciaron los nombres de la nueva Junta. El nuevo gobierno quedó integrado con nueve miembros: Cornelio Saavedra (presidente); Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Juan Larrea y Domingo Matheu (vocales); Juan José Paso y Mariano Moreno (secretarios).

¡Viva! ¡Viva!

Milicianos y vecinos, enterados de la novedad, acudieron ante el Cabildo para vivar al nuevo gobierno, cuyos integrantes salieron al balcón a saludar. Luego del juramento, que se hizo con mucha rapidez, la Junta asumió el gobierno ese mismo día en el Fuerte.

Muy pocos imaginaban que aquel 25 de mayo de 1810 nacería la Argentina. Pero nació nomás... Y empezó con todo: echando al virrey y eligiendo una Junta de Gobierno. No hubo tiros ni murió nadie, aunque tal vez algo así habría ocurrido si los señores del Cabildo y la Audiencia persistían en sostener al virrey Cisneros que se había quedado sin poder.

ilustración: Javier Basile

¿Soñaban aquellos hombres, los Saavedra, los Castelli, los Moreno, lo que seguiría después? ¿Lo sospechaban mientras salían del Cabildo, todos juntos, cruzaban la plaza bajo la lluvia y se embarraban las botas? Se dirigían al Fuerte para ocupar el gobierno. La gente les abría paso y los vivaba. Ellos se dejaban palmear los hombros y hasta saludaban quitándose el sombrero, pese a la lluvia. Y seguían caminando. La Recova los reparó del agua durante unos segundos, pero no se detuvieron. Dicen que Castelli hizo alguna broma, de puro nervioso nomás. Quizá fue otro. El Fuerte parecía más lejos que nunca. La Revolución comenzaba y dejaba de ser un sueño.

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