Usamos una goma de borrar casi sin pensar en lo que ocurre cuando la frotamos sobre una palabra escrita con lápiz. Sin embargo, detrás de ese gesto cotidiano existe un pequeño proceso físico: el material del borrador consigue separar del papel las partículas de grafito que habían quedado adheridas al escribir.
La mina de un lápiz no está hecha de plomo, como a veces se cree, sino principalmente de una mezcla de grafito y arcilla. El grafito está formado por capas de átomos de carbono que pueden deslizarse unas sobre otras con relativa facilidad. Al pasar el lápiz por el papel, la fricción desprende diminutas partículas que quedan depositadas entre las irregularidades de sus fibras.
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¿Cómo funciona una goma de borrar?

Cuando frotamos la goma contra el trazo, aparece nuevamente la fricción. El borrador está diseñado para ser suficientemente abrasivo como para aflojar el grafito, pero no tanto como para destruir el papel durante un uso normal.
Según la Oficina para la Ciencia y la Sociedad de la Universidad McGill, el mecanismo básico consiste en una abrasión suave. El grafito se desprende de la superficie y queda adherido o incorporado al material de la goma y a las pequeñas migas que se forman al borrar.
El proceso puede resumirse en tres pasos:
- El lápiz deposita grafito sobre las fibras del papel.
- La goma genera fricción y desprende buena parte de esas partículas.
- Los restos del borrador atrapan el grafito y se separan de la hoja en forma de pequeñas virutas.
Por eso una goma utilizada muchas veces puede oscurecerse: parte del grafito retirado termina acumulándose sobre ella.
¿Por qué es más fácil borrar lápiz que tinta?
La diferencia está en la forma en que ambos materiales se relacionan con el papel. El grafito permanece principalmente sobre la superficie y entre sus fibras más externas. Muchas tintas, en cambio, penetran con mayor profundidad.
Para borrar una tinta convencional mediante abrasión sería necesario retirar también parte de las fibras del papel, algo que puede dejar una zona más fina, áspera o incluso provocar un agujero.
Las gomas modernas pueden fabricarse con caucho natural o sintético, vinilo y otros polímeros, además de incorporar pequeñas partículas abrasivas. Las de vinilo suelen ser especialmente suaves con el papel.
La historia de este objeto también es curiosa. Antes del caucho se utilizaban, entre otras soluciones, migas de pan para eliminar trazos. En 1770, Joseph Priestley dejó registrada la capacidad del caucho para borrar lápiz y mencionó que el fabricante de instrumentos Edward Nairne ya lo comercializaba con ese propósito. Más tarde, la vulcanización desarrollada por Charles Goodyear en 1839 permitió obtener un caucho mucho más estable y duradero.
Así, la goma de borrar no hace desaparecer mágicamente lo escrito: desprende y recoge partículas microscópicas de grafito mediante un delicado equilibrio entre fricción, adherencia y abrasión.
