¿Por qué una gaseosa hace burbujas cuando la abrimos? - Billiken
 

¿Por qué una gaseosa hace burbujas cuando la abrimos?

El dióxido de carbono permanece disuelto mientras la botella está cerrada. Al abrirla, la presión disminuye y el gas comienza a escapar formando burbujas.
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Las burbujas de la gaseosa aparecen principalmente por un cambio de presión. Durante la fabricación de estas bebidas se introduce dióxido de carbono —CO₂— a alta presión. En esas condiciones, una gran cantidad del gas puede permanecer disuelta en el líquido sin formar burbujas visibles.

Mientras la botella o la lata está cerrada, existe una presión elevada en su interior que ayuda a mantener ese dióxido de carbono en solución. Pero al retirar la tapa, la presión disminuye de manera repentina. Entonces el líquido ya no puede conservar la misma cantidad de gas disuelto y el CO₂ comienza a escapar.

¿Cómo se forman las burbujas de la gaseosa?

Bebida.

La relación entre presión y cantidad de gas disuelto se explica mediante la ley de Henry, formulada por el químico británico William Henry a comienzos del siglo XIX. En términos simples, cuanto mayor es la presión de un gas sobre un líquido, mayor cantidad de ese gas puede permanecer disuelta.

Cuando se abre el envase sucede lo contrario:

  • Disminuye la presión dentro de la botella o lata.
  • El dióxido de carbono se vuelve menos soluble en el líquido.
  • El gas comienza a agruparse en pequeñas burbujas.
  • Las burbujas ascienden hasta la superficie y liberan el CO₂ al aire.

Las primeras burbujas suelen formarse en diminutas irregularidades del recipiente, partículas suspendidas o pequeños defectos de la superficie. Estos lugares funcionan como puntos de nucleación, donde las moléculas de gas pueden reunirse más fácilmente.

¿Por qué una gaseosa agitada puede desbordarse?

Al agitar una gaseosa se favorece la formación de numerosos núcleos de burbujas dentro del líquido. Mientras el recipiente sigue cerrado, la presión evita que se expandan demasiado. Pero al abrirlo, la caída de presión permite que crezcan rápidamente y empujen el líquido hacia afuera.

La temperatura también influye. El CO₂ se disuelve mejor en líquidos fríos, por eso una gaseosa recién salida de la heladera suele conservar mejor su gas que una bebida caliente. A mayor temperatura, el dióxido de carbono escapa con más facilidad.

¿De dónde viene el característico sabor?

Gaseosa con hielo.

El dióxido de carbono no solamente produce burbujas. Parte del gas reacciona con el agua y forma pequeñas cantidades de ácido carbónico, que contribuye a la sensación ligeramente ácida y picante típica de las bebidas carbonatadas.

La carbonatación artificial tiene más de dos siglos de historia. En 1767, el científico inglés Joseph Priestley desarrolló un método para incorporar dióxido de carbono al agua. Años después, Johann Jacob Schweppe comenzó a producir agua carbonatada a escala comercial.

Así, las burbujas de la gaseosa son la consecuencia visible de un equilibrio químico que cambia en el instante en que escuchamos el característico “psss” al abrir la botella: disminuye la presión y el gas atrapado comienza su camino hacia el aire.

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