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El planeta de magma que desconcierta a los astrónomos: un mundo con azufre bajo una lava permanente

El planeta de magma que desconcierta a los astrónomos: un mundo con azufre bajo una lava permanente
El exoplaneta L 98-59 d desconcertó a los científicos porque parece reunir rasgos poco comunes en un mismo mundo. Por eso, un estudio reciente sugirió que se trataría de un planeta de magma, una posible categoría nueva dentro del enorme catálogo de planetas descubiertos fuera del Sistema Solar.
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Un planeta de magma es un mundo rocoso cuyo interior, o buena parte de él, permanece fundido durante muchísimo tiempo. Eso es justamente lo que un equipo liderado por la Universidad de Oxford propuso para L 98-59 d, un exoplaneta que gira alrededor de una estrella enana roja a unos 35 años luz de la Tierra.

Según el estudio, este mundo tendría un océano global de magma de miles de kilómetros de profundidad, capaz de almacenar grandes cantidades de azufre y de sostener una atmósfera rica en gases sulfurosos durante miles de millones de años.

En esta nota vamos a tocar los siguientes temas:

  • Qué significa que L 98-59 d sea un planeta de magma,
  • Por qué este mundo no encaja del todo en las categorías habituales de exoplanetas,
  • Qué pistas encontraron los astrónomos para llegar a esa conclusión.

Qué significa que L 98-59 d sea un planeta de magma

El planeta de magma que desconcierta a los astrónomos: un mundo con azufre bajo una lava permanente
Imagen: NASA.

El hallazgo llamó la atención porque L 98-59 d no se parece del todo a los tipos de planetas pequeños que los astrónomos suelen usar como referencia. Hasta ahora, un objeto así podía interpretarse como un planeta rocoso con una envoltura gaseosa liviana, o como un mundo rico en agua, con océanos profundos y hielos.

Pero los modelos presentados en la revista científica Nature Astronomy sugieren otra posibilidad: que se trate de un planeta de magma, con un interior de silicatos fundidos parecido a una lava gigantesca y persistente.

Eso no quiere decir que la superficie sea exactamente como la de un volcán terrestre ampliado a escala planetaria. La idea central es otra: el manto del planeta estaría en estado fundido y formaría una reserva inmensa de materiales volátiles, entre ellos azufre e hidrógeno.

Esa “cocina” interna, conectada con la atmósfera, ayudaría a explicar por qué hoy se detectan ciertos gases en torno a L 98-59 d y por qué el planeta tiene una densidad inesperadamente baja para su tamaño.

Además, este exoplaneta orbita muy cerca de su estrella: tarda apenas 7,5 días en completar una vuelta. Su radio es de alrededor de 1,6 veces el de la Tierra, por lo que entra dentro de la categoría de las llamadas “supertierras” -aquellos exoplanetas con masa superior al de la Tierra-.

¿Por qué este planeta de magma no encaja en las categorías habituales?

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Los tres planetas descubiertos por la NASA. Imagen: Wikimedia Commons.

Uno de los puntos más interesantes del estudio es que los investigadores sostienen que L 98-59 d no encaja bien ni como "enano gaseoso" ni como "planeta oceánico". Es decir, no parece ser simplemente un planeta rocoso con una atmósfera liviana de hidrógeno y helio, pero tampoco uno dominado por agua en distintas fases.

En cambio, la mejor explicación para reunir todos los datos observados es una evolución en la que el planeta conservó un océano de magma a muy largo plazo y una atmósfera rica en compuestos sulfurosos.

La clave está en el azufre. Las observaciones previas y los modelos nuevos apuntan a que en la atmósfera del planeta hay gases como sulfuro de hidrógeno y dióxido de azufre.

En la Tierra, el sulfuro de hidrógeno es conocido por su olor a huevo podrido, pero en este caso lo importante no es el olor, sino lo que revela: que el interior del planeta y su atmósfera estarían intercambiando materiales desde hace muchísimo tiempo. Según el equipo, el magma actuaría como un gran depósito que absorbe y libera estos gases lentamente.

Las pistas que encontraron los astrónomos sobre L 98-59 d

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Los tres planetas descubiertos por la NASA en comparación a la Tierra y Marte. Imagen: Wikimedia Commons.

El trabajo no se basó en una foto directa del interior del planeta, porque eso es imposible con la tecnología actual. Lo que hicieron los investigadores fue combinar datos del telescopio espacial James Webb, observaciones desde tierra y simulaciones por computadora capaces de reconstruir la evolución del planeta a lo largo de casi 5.000 millones de años.

A partir de ese cruce entre mediciones y modelos físicos, calcularon qué tipo de interior e historia podían producir lo que hoy se observa desde la Tierra. Entre las pistas más importantes están que:

  • El planeta tiene una densidad baja para su tamaño, lo que indica que no puede ser una simple bola rocosa parecida a la Tierra.
  • En su atmósfera hay señales de gases de azufre, como sulfuro de hidrógeno y dióxido de azufre.
  • Los modelos muestran que un océano global de magma puede actuar como depósito y regulador de esos gases durante tiempos geológicos muy largos.
  • La química atmosférica también estaría influida por la radiación ultravioleta de la estrella anfitriona, que transforma parte de esos compuestos en la alta atmósfera.

En otras palabras, lo que hoy ven los telescopios sería el resultado de una historia larga: un planeta que nació con muchos materiales volátiles, que fue perdiendo parte de su atmósfera con el tiempo, pero que conservó un interior tan caliente y fundido que siguió alimentando la capa gaseosa exterior.

¿Qué puede enseñar este planeta de magma sobre otros mundos?

Aunque L 98-59 d no parece un lugar apto para la vida, sí puede ser muy útil para entender cómo evolucionan los planetas rocosos. El propio equipo remarca que los océanos de magma fueron un estado inicial común en los planetas rocosos, incluida la Tierra primitiva y Marte.

Por eso, estudiar un caso en el que ese estado extremo parece haberse prolongado durante miles de millones de años ofrece pistas sobre procesos que, en otros mundos, ocurrieron al comienzo y luego desaparecieron.

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