¿Por qué el estómago hace ruido cuando tenemos hambre? - Billiken
 

¿Por qué el estómago hace ruido cuando tenemos hambre?

Los famosos “rugidos” de la panza no aparecen únicamente cuando tenemos hambre. Son el resultado del movimiento de músculos, líquidos y gases a través del aparato digestivo.
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Estamos en una clase, una reunión o una habitación silenciosa y, de repente, el estómago parece protestar en voz alta. El ruido puede hacernos pensar inmediatamente que tenemos hambre, pero la explicación es un poco más compleja.

Estos sonidos se conocen como borborigmos y se producen cuando los músculos del estómago y los intestinos se contraen y desplazan gases, líquidos y otros contenidos por el aparato digestivo. Es decir: el cuerpo puede hacerlos tanto cuando está vacío como cuando acabamos de comer.

¿Por qué el estómago hace ruido?

Panza.

El aparato digestivo es un largo sistema de órganos huecos con paredes musculares. Esos músculos se contraen y relajan de manera coordinada para mover su contenido. El proceso recibe el nombre de peristalsis.

El Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos (NIDDK) explica que estas ondas musculares empujan alimentos y líquidos a través del tracto gastrointestinal y, al mismo tiempo, mezclan lo que hay en su interior.

Cuando ese movimiento desplaza una combinación de líquido y gas, puede generar sonidos. La gastroenteróloga Christine Lee, de Cleveland Clinic, compara el fenómeno con el agua que circula por una tubería: el movimiento del contenido produce ruidos que pueden escucharse desde afuera.

Por eso, aunque solemos hablar del “rugido del estómago”, el sonido también puede provenir del intestino delgado o grueso.

¿Por qué el estómago suena más cuando tenemos hambre?

Las contracciones digestivas no desaparecen cuando dejamos de comer. Durante los períodos de ayuno aparece un patrón particular de movimientos llamado complejo motor migratorio.

Se trata de ciclos de contracciones que recorren el estómago y el intestino delgado entre comidas. Su fase más activa incluye fuertes ondas musculares y ha sido descrita como una especie de sistema de “limpieza” que ayuda a desplazar restos y secreciones antes de la próxima ingesta.

Además, estudios científicos encontraron una relación entre estas contracciones y la sensación de hambre. La hormona motilina, producida principalmente en el intestino delgado, participa en la regulación de este patrón y puede favorecer contracciones asociadas con la percepción de hambre.

Hay otro detalle importante: cuando el aparato digestivo está relativamente vacío hay menos alimentos que amortigüen las vibraciones. Por eso, el movimiento de gases y líquidos puede resultar mucho más audible. Infobae señala precisamente que los sonidos suelen hacerse más evidentes cuando no hay comida que reduzca ese efecto acústico.

El “rugido” puede involucrar:

  • Contracciones musculares, que mueven el contenido digestivo.
  • Líquidos y secreciones, presentes aunque no hayamos comido recientemente.
  • Gases, que se desplazan a medida que las paredes del tracto gastrointestinal se contraen.

El estómago también puede hacer ruido después de comer

Un estómago con hambre.

Escuchar borborigmos no significa necesariamente que necesitemos comida. Después de una comida, la digestión mantiene al aparato gastrointestinal muy activo.

El estómago mezcla los alimentos con los jugos digestivos y libera su contenido gradualmente hacia el intestino delgado. Allí continúan las contracciones que mezclan y desplazan alimentos, líquidos y gases.

Por eso, una panza llena también puede producir sonidos. Cleveland Clinic explica que los ruidos procedentes de las zonas inferiores del abdomen pueden corresponder simplemente al avance del alimento y los líquidos a través de los intestinos.

Incluso algunas bebidas gaseosas o alimentos que aumentan la presencia de gas pueden hacer que estos sonidos se vuelvan más notorios.

¿Hay que preocuparse por estos ruidos?

En general, no. Los borborigmos forman parte del funcionamiento normal del aparato digestivo y, por sí solos, no indican que exista un problema.

Lo curioso es que aquello que interpretamos como un estómago reclamando comida es, en realidad, el sonido de una maquinaria que prácticamente nunca se detiene. Estemos llenos o hambrientos, los músculos continúan mezclando, empujando y preparando el aparato digestivo para lo que viene después.

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