¿Por qué el sonido viaja mejor por algunos materiales que por otros? - Billiken
 

¿Por qué el sonido viaja mejor por algunos materiales que por otros?

Las ondas sonoras avanzan alrededor de cuatro veces más rápido por el agua que por el aire y pueden ser todavía más veloces en ciertos sólidos. La explicación está en las propiedades de cada material.
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Cuando hablamos con otra persona, golpeamos una puerta o escuchamos música, el sonido necesita viajar desde su origen hasta nuestros oídos. Pero no lo hace siempre a la misma velocidad: depende mucho del material que encuentra en su camino.

El sonido es una onda mecánica. Esto significa que necesita un medio material para propagarse. Una vibración hace que las partículas de ese medio se muevan alrededor de su posición y transmitan la perturbación a las partículas vecinas. Por eso puede desplazarse por gases, líquidos y sólidos, pero no por el vacío.

La velocidad depende principalmente de dos propiedades del material: su rigidez o elasticidad y su densidad. La combinación entre ambas explica por qué el sonido generalmente avanza mucho más rápido en el agua y en numerosos sólidos que en el aire.

¿Cómo viaja el sonido por el aire?

Escuchar.

El aire está formado por moléculas separadas entre sí que pueden comprimirse con relativa facilidad. Cuando, por ejemplo, alguien aplaude, esa acción genera una perturbación que comprime y expande sucesivamente pequeñas regiones del aire.

La vibración va pasando de unas moléculas a otras hasta alcanzar nuestros oídos. Allí hace vibrar el tímpano y comienza el proceso que finalmente interpretamos como un sonido.

A una temperatura cercana a 20 °C, el sonido viaja por el aire aproximadamente a 343 metros por segundo. La temperatura importa: en los gases, cuanto más alta es, más rápido suele propagarse la onda.

Esto explica también por qué vemos un relámpago antes de escuchar el trueno. La luz se desplaza muchísimo más rápido que el sonido, por lo que llega primero hasta nosotros.

¿Por qué el sonido viaja más rápido por el agua?

Cuando la vibración entra en el agua, encuentra un medio muy diferente. Aunque el agua es más densa que el aire, también es mucho menos compresible. Esa propiedad permite que una perturbación de presión se transmita con gran rapidez.

En agua dulce a unos 20 °C, la velocidad del sonido ronda los 1.480 metros por segundo. Es decir, viaja más de cuatro veces más rápido que en el aire. En el agua de mar puede alcanzar aproximadamente 1.540 metros por segundo, aunque el valor cambia con factores como la temperatura y la composición del agua.

Una comparación permite apreciar las diferencias:

  • Aire a 20 °C: aproximadamente 343 metros por segundo.
  • Agua dulce a 20 °C: cerca de 1.480 metros por segundo.
  • Agua de mar a 20 °C: alrededor de 1.540 metros por segundo.
  • Acero: puede alcanzar aproximadamente 5.960 metros por segundo para determinadas ondas.

¿Por qué los sólidos pueden transmitir tan rápido el sonido?

Sonido en el agua.

En muchos sólidos, las partículas están fuertemente unidas y el material ofrece una gran resistencia a ser comprimido o deformado. Esa rigidez permite transmitir una vibración rápidamente de una zona a otra.

Por eso el sonido puede desplazarse por el acero a varios kilómetros por segundo. Algo parecido explica un experimento cotidiano: si apoyamos el oído sobre una mesa y alguien golpea suavemente el otro extremo, podemos percibir la vibración transmitida a través de la madera.

Sin embargo, decir simplemente que “cuanto más juntas están las partículas, más rápido viaja el sonido” sería incompleto. La densidad por sí sola no determina la velocidad. De hecho, un material muy denso puede transmitir más lentamente que otro si su rigidez es menor. Lo que importa es la relación entre ambas propiedades.

Tampoco hay que confundir velocidad con distancia recorrida. Un sonido puede propagarse muy rápido en un material y, al mismo tiempo, perder energía por absorción o al pasar de un medio a otro.

Así, aire, agua y acero pueden transportar exactamente el mismo tipo de fenómeno —una vibración— de maneras muy diferentes. Lo que cambia no es la naturaleza del sonido, sino el camino que sus ondas encuentran para transmitir su energía.

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