El Sol es el objeto más importante del Sistema Solar. Está en el centro de este sistema y su gravedad mantiene en órbita a los ocho planetas, junto con asteroides, cometas y otros cuerpos menores.
Una duda muy válida al respecto es por qué no se lo considera un planeta. Lo cierto es que se trata de una estrella enana amarilla (enana en relación a otras estrellas del Universo) de unos 4.500 millones de años, formada principalmente por hidrógeno y helio.
Y es que diferencia principal con un planeta es enorme: el Sol produce su propia energía. Los planetas, en cambio, no generan luz como una estrella sino que brillan porque reflejan la luz solar.
¿Por qué el Sol es una estrella?
El Sol es una estrella porque es una gran esfera de gas caliente y plasma. El plasma es un gas tan caliente que sus partículas están cargadas eléctricamente, y es el material que compone a las estrellas.
En su núcleo ocurre un proceso llamado fusión nuclear. Allí, la temperatura y la presión son tan altas que los átomos de hidrógeno se unen para formar helio, liberando enormes cantidades de energía.
Esa energía viaja hacia el exterior y llega a la Tierra en forma de luz y calor. Por eso el Sol permite la fotosíntesis, influye en el clima y hace posible gran parte de la vida en nuestro planeta.
¿Por qué no es un planeta?

Un planeta no produce energía por fusión nuclear. Según la Unión Astronómica Internacional, un planeta del Sistema Solar debe orbitar alrededor del Sol, tener forma casi redonda por su propia gravedad y haber limpiado su vecindario orbital (es decir, es el principal cuerpo celeste en su órbita).
El Sol no cumple esa definición porque no orbita al Sol: es la estrella alrededor de la cual giran los planetas. Además, su luz no es reflejada, sino generada en su propio interior.
Otra diferencia está en su función dentro del sistema. Los planetas son cuerpos que acompañan a una estrella. El Sol, en cambio, es la fuente principal de luz, calor y gravedad del Sistema Solar.
Y aunque al amanecer o al atardecer puede verse rojizo o anaranjado, eso se debe al paso de su luz por la atmósfera terrestre. Científicamente, la NASA y otros organismos científicos lo clasifica como una estrella enana amarilla. Su color aparente cambia según la hora del día, la posición en el cielo y las partículas presentes en el aire.
