La Tierra está en movimiento todo el tiempo. Gira sobre su propio eje, lo que produce el día y la noche, y también se traslada alrededor del Sol, como los demás planetas del Sistema Solar. Nuestro planeta completa una rotación cada 23,9 horas, lo que nos da un día, y una vuelta alrededor del Sol cada 365,25 días, lo que nos da un año.
Ese viaje ocurre a una velocidad enorme e impensada para el ser humano: la Tierra avanza alrededor del Sol a unos 107.182 kilómetros por hora, mientras que en el ecuador su superficie se mueve por la rotación a unos 460 metros por segundo, cerca de 1.670 kilómetros por hora.
Entonces, la pregunta parece inevitable: si vivimos sobre un planeta que gira y se traslada tan rápido, ¿por qué no salimos despedidos hacia el espacio? La respuesta está en dos ideas clave de la física: la gravedad y la inercia.
¿Por qué no salimos volando de la Tierra?

La primera razón es que todo lo que está sobre la Tierra se mueve junto con ella. Personas, edificios, océanos, atmósfera y montañas comparten el movimiento del planeta, por eso no sentimos que viajamos a gran velocidad.
Una comparación sencilla es la de un tren o un auto que avanza de manera constante. Mientras no frene, acelere o doble bruscamente, quienes están adentro casi no perciben el movimiento. Es lo que se conoce como inercia, ya que tendemos a conservar el estado de movimiento que ya tenemos a menos que algo cambie nuestra velocidad constante y trayectoria.
La segunda razón es la gravedad, que es la fuerza que atrae los cuerpos con masa entre sí o hacia el centro de un planeta. En la Tierra, esa fuerza nos mantiene sobre el suelo y hace que las cosas caigan cuando se sueltan, dado que la masa del planeta Tierra es muchísimo mayor que la masa de cualquier objeto sobre su superficie, ya sea un vaso, una pelota, un elefante o diez micros escolares.
La rotación genera un efecto que, en teoría, tiende a empujar hacia afuera (lo que se conoce como fuerza centrífuga). Pero la gravedad terrestre es mucho más fuerte que ese efecto, y por eso no flotamos ni salimos despedidos. Esta fuerza influye en muchos aspectos de la vida cotidiana:
- Mantiene nuestros pies en el suelo, porque atrae nuestro cuerpo hacia el centro del planeta.
- Sostiene la atmósfera, es decir, el aire que necesitamos para respirar.
- Conserva los océanos y ríos sobre la superficie, en lugar de dejarlos escapar al espacio.
- Ayuda a mantener unida la materia del planeta, desde rocas hasta capas internas.
¿Qué pasaría si la Tierra dejara de girar?

Si la Tierra dejara de girar de golpe, el problema sería la inercia. Todo lo que está sobre la superficie (personas, árboles, edificios, aire y océanos) tendería a seguir moviéndose hacia el este a la velocidad que ya tenía. Eso provocaría consecuencias catastróficas, con vientos devastadores y grandes desplazamientos de agua.
Además, se alteraría el ciclo del día y la noche. Una mitad del planeta podría quedar mucho tiempo iluminada y la otra en oscuridad, con enormes cambios de temperatura.
Si, en cambio, desapareciera la gravedad, el escenario sería aún más extremo: la atmósfera, el agua y los objetos dejarían de estar sujetos al planeta. Pero ese caso no es posible según la física conocida, porque todo objeto con masa tiene gravedad.
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¿La velocidad de rotación cambia según el lugar?
La velocidad de rotación no es igual en todos los puntos del planeta. En el ecuador, una persona recorre una circunferencia mucho más grande durante cada vuelta diaria de la Tierra. Por eso allí la velocidad lineal es mayor.
En cambio, cerca de los polos, el recorrido es cada vez más pequeño. Un punto ubicado a 60 grados de latitud se mueve aproximadamente a la mitad de la velocidad de un punto en el ecuador.
Esto no significa que en los polos no exista gravedad. La diferencia está en la distancia recorrida durante la rotación diaria, no en que el planeta deje de atraer los objetos.
