Un día hay solamente océano. Poco después, entre columnas de vapor, ceniza y agua agitada, puede aparecer una pequeña extensión de tierra donde antes no figuraba ninguna isla. Aunque parezca un acontecimiento extraordinario, el fondo marino está lleno de actividad volcánica.
Una isla nueva puede surgir cuando un volcán submarino crece mediante sucesivas erupciones hasta que su parte más alta alcanza y supera la superficie. NOAA explica que aproximadamente tres cuartas partes de la actividad volcánica de la Tierra ocurre bajo el agua, especialmente en grandes sistemas de expansión del fondo oceánico. La mayoría de esas erupciones sucede a tanta profundidad que nunca llega a formar tierra emergida.
¿Cómo se forma una isla nueva por una erupción volcánica?

El proceso puede comenzar a cientos o miles de metros debajo de la superficie. El magma asciende desde el interior terrestre, sale por fracturas del fondo oceánico y se enfría al entrar en contacto con el agua.
Cada erupción puede agregar nuevas capas de lava y materiales volcánicos. De esta forma se construye lentamente una montaña submarina. En algunos lugares, el proceso continúa durante períodos muy prolongados hasta que la cima se acerca al nivel del mar.
Cuando el volcán se encuentra en aguas poco profundas, el encuentro entre el magma caliente y el agua puede volverse especialmente explosivo. El agua se transforma rápidamente en vapor y la roca fundida puede fragmentarse en cenizas y otros materiales volcánicos.
Si las erupciones aportan material más rápido de lo que las olas consiguen retirarlo, finalmente una porción queda por encima del océano. Allí acaba de aparecer una isla volcánica nueva.
El proceso básico puede resumirse así:
- El magma asciende a través de la corteza bajo el océano.
- Las erupciones acumulan lava y fragmentos volcánicos alrededor del conducto.
- El volcán submarino aumenta de altura con sucesivas erupciones.
- La cima supera el nivel del mar y aparece una nueva superficie terrestre.
Una isla nueva puede aparecer en cuestión de horas
Un ejemplo muy llamativo ocurrió en Tonga en 2022.
El volcán submarino Home Reef comenzó una nueva erupción el 10 de septiembre. Según el Programa Global de Vulcanismo del Smithsonian y el USGS, las imágenes satelitales detectaron inicialmente una columna de gases y, ese mismo día, el material expulsado ya había construido una pequeña isla de aproximadamente 70 metros de diámetro y 10 metros de altura sobre el océano.
La actividad continuó y la superficie aumentó rápidamente. Para el 28 de septiembre, la nueva isla medía aproximadamente 268 metros de norte a sur y 283 metros de este a oeste, y alcanzaba unos 15 metros sobre el nivel del mar.
Este es el mismo fenómeno registrado en distintas ocasiones en Home Reef. Una erupción de 1984 llegó a crear allí una isla de unos 500 por 1.500 metros, rodeada por acantilados de entre 30 y 50 metros. Sin embargo, aquella tierra emergida fue temporal.
¿Por qué una isla nueva puede desaparecer?

Llegar a la superficie no garantiza permanecer allí.
Muchas islas recién nacidas están constituidas inicialmente por ceniza, piedra pómez y fragmentos volcánicos poco consolidados. Las olas comienzan a golpearlos desde el primer momento y pueden erosionarlos rápidamente.
Por eso existen islas que aparecen durante una erupción y desaparecen meses o años después. Incluso un mismo volcán submarino puede construir nuevas islas en diferentes momentos de su historia. Wikipedia reúne numerosos ejemplos registrados durante los siglos XX y XXI, aunque muchas de esas superficies emergidas fueron efímeras.
La posibilidad de sobrevivir depende, entre otros factores, de:
- Cuánto material produjo la erupción;
- Qué proporción está formada por lava resistente;
- La altura alcanzada sobre el nivel del mar;
- La fuerza de las olas y tormentas;
- Si nuevas erupciones continúan reforzando la isla.
Cuando los flujos de lava consolidada protegen los materiales más blandos, las posibilidades de resistencia aumentan.
Surtsey, la isla nueva que sobrevivió
Uno de los casos más famosos es Surtsey, situada al sur de Islandia. Surgió del océano en 1963 y continuó creciendo mediante erupciones hasta 1967. UNESCO destaca que fue protegida prácticamente desde su nacimiento, convirtiéndose en un extraordinario laboratorio natural para estudiar cómo plantas y animales colonizan una tierra completamente nueva.
Allí los científicos pudieron seguir algo que normalmente solo conocemos a través del registro geológico: cómo una superficie volcánica desnuda comienza lentamente a transformarse en un ecosistema.
La existencia de una isla nueva, además, recuerda que continentes e islas no son estructuras inmóviles. La superficie terrestre cambia continuamente por el movimiento de las placas, el vulcanismo, la erosión y otros procesos.
Por eso, cuando un pequeño trozo de tierra emerge repentinamente en medio del océano, lo que vemos es apenas la cima de algo mucho mayor: un volcán que llevaba tiempo creciendo escondido bajo miles de millones de litros de agua.

