Podemos pasar horas sin pensar en ello, pero el parpadeo se repite constantemente mientras estamos despiertos. Los párpados se cierran y vuelven a abrirse en una fracción de segundo, muchas veces sin que siquiera notemos que ocurrió. Lejos de ser un movimiento inútil, cumple una tarea indispensable para nuestros ojos.
Cada vez que parpadeamos distribuimos sobre la superficie ocular una fina capa de lágrimas. Esa película mantiene húmeda la córnea, contribuye a una visión nítida y ayuda a retirar polvo y otras pequeñas partículas. Por eso, pasar demasiado tiempo sin parpadear puede producir sensación de sequedad e incomodidad.
¿Para qué sirve el parpadeo?

El ojo está permanentemente expuesto al ambiente. El aire, el polvo, el viento y otras partículas podrían irritar su delicada superficie si no existieran mecanismos para protegerla.
Allí entran en acción los párpados. Infobae explica que el parpadeo distribuye las lágrimas de manera uniforme sobre el ojo, lo mantiene lubricado y ayuda a retirar pequeños residuos o sustancias irritantes.
Podemos imaginarlo como un diminuto limpiaparabrisas. Cada movimiento renueva la película lagrimal que cubre la córnea y evita que algunas zonas permanezcan expuestas al aire demasiado tiempo.
Tres de sus funciones principales son:
- Hidratación: reparte la película lagrimal y ayuda a impedir que la superficie ocular se seque.
- Limpieza: favorece la eliminación de polvo y otras partículas pequeñas.
- Protección: el cierre reflejo de los párpados ayuda a resguardar el ojo frente a estímulos como el viento, cuerpos extraños o una luz intensa.
¿Cuántas veces ocurre el parpadeo?
No existe un número idéntico para todas las personas ni para todos los momentos del día. La frecuencia puede cambiar según la edad, la atención que requiere una actividad y las condiciones de la superficie ocular.
Distintas investigaciones sitúan el ritmo habitual de una persona en reposo aproximadamente entre 12 y 20 parpadeos por minuto, aunque existe una gran variabilidad. Un trabajo científico sobre la película lagrimal señala precisamente que el ritmo puede cambiar considerablemente incluso en una misma persona dependiendo de la situación.
La Clínica Oftalmológica Nebro utiliza como referencia unas 15 a 20 veces por minuto y explica que factores como la sequedad ocular, el polvo, el humo, el viento o una iluminación intensa pueden hacer que una persona parpadee con mayor frecuencia.
Esto significa que, a lo largo de una jornada despiertos, nuestros párpados pueden abrirse y cerrarse miles de veces sin que tengamos que darles una orden consciente.
¿Qué relación existe entre el parpadeo y las lágrimas?

Las lágrimas no aparecen solamente cuando lloramos. Los ojos mantienen de manera continua una película lagrimal sobre su superficie, necesaria para conservarla húmeda y en buenas condiciones.
El parpadeo ayuda a reconstruir y redistribuir esa capa. Si los párpados no llegan a cerrarse completamente o se parpadea con poca frecuencia, la película puede volverse menos estable y evaporarse con mayor facilidad.
Un estudio publicado en The Ocular Surface encontró que las personas que realizaban parpadeos incompletos presentaban con mayor frecuencia características asociadas al ojo seco. Los investigadores observaron además diferencias en la estabilidad de la película lagrimal y en su capa lipídica.
¿Por qué parpadeamos menos frente a una pantalla?
La frecuencia tampoco permanece constante cuando estamos concentrados. Leer, mirar videos o trabajar frente a una computadora puede modificar nuestro patrón normal de parpadeo.
Cuando prestamos mucha atención a una tarea visual, tendemos a mantener los ojos abiertos durante intervalos más largos. Estudios sobre la superficie ocular muestran que las actividades que requieren concentración pueden alterar la frecuencia de parpadeo, mientras que las tareas frente a dispositivos digitales se relacionan con períodos más largos sin cerrar los ojos.
Al renovarse con menor frecuencia la película lagrimal, aumenta la evaporación y pueden aparecer molestias como sequedad, ardor o visión momentáneamente borrosa.
Así, ese movimiento que repetimos casi sin darnos cuenta es una parte fundamental del funcionamiento de nuestros ojos. Cada parpadeo dura muy poco, pero durante esos instantes los párpados vuelven a distribuir las lágrimas, limpian la superficie ocular y la preparan para seguir mirando el mundo.

