Cruzamos las piernas durante mucho tiempo, nos quedamos dormidos sobre un brazo o permanecemos en una postura incómoda y, cuando finalmente nos movemos, aparece un extraño hormigueo. Sentimos pequeños pinchazos, cosquillas o una especie de electricidad que recorre la extremidad hasta que todo vuelve a la normalidad.
En medicina, esta sensación se conoce como parestesia. MedlinePlus, servicio de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, explica que el entumecimiento y el hormigueo son sensaciones anormales que pueden aparecer en distintas partes del cuerpo, aunque son frecuentes en manos, brazos, piernas, pies y dedos. Permanecer mucho tiempo en una misma posición es una de sus causas más habituales.
¿Por qué aparece el hormigueo al mantener una posición?

Los nervios funcionan como una enorme red de comunicación. Transportan señales entre el cerebro, la médula espinal y distintas partes del cuerpo para permitirnos sentir temperatura, presión, dolor y movimiento.
Cuando permanecemos durante bastante tiempo en determinadas posiciones, podemos ejercer presión sobre un nervio. Por ejemplo, sentarnos con las piernas cruzadas o dormir apoyados sobre un brazo puede comprimir temporalmente los tejidos de la zona.
MedlinePlus incluye entre las causas del entumecimiento y el hormigueo tanto la permanencia prolongada en una posición como la presión sobre nervios periféricos debido a la compresión de una parte del cuerpo.
La postura también puede limitar temporalmente el flujo sanguíneo de la zona. Esa combinación altera durante un breve período la transmisión normal de las señales nerviosas.
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¿Por qué sentimos más hormigueo cuando movemos el brazo o la pierna?
Lo curioso es que los famosos “alfileres y agujas” pueden sentirse con especial intensidad justo después de cambiar de posición.
Al liberar la presión, el nervio comienza a recuperar su funcionamiento habitual. Las señales sensoriales que habían sido alteradas vuelven a transmitirse y durante esa transición podemos experimentar pinchazos, cosquilleo, ardor leve o pequeñas descargas.
Se denomina parestesia transitoria a este fenómeno breve. En situaciones cotidianas, suele desaparecer cuando extendemos la pierna, movemos el brazo o simplemente dejamos de comprimir la zona.
El proceso suele seguir esta secuencia:
- Mantenemos una posición durante demasiado tiempo y ejercemos presión sobre determinados nervios.
- La comunicación nerviosa se altera temporalmente, por lo que la zona puede sentirse entumecida.
- Cambiamos de postura y liberamos la presión, tras lo cual aparecen el hormigueo y los pinchazos mientras la sensibilidad se normaliza.
Por eso decimos que un brazo o una pierna “se durmió”, aunque en realidad esa parte del cuerpo nunca estuvo dormida.
Hormigueo, entumecimiento y “alfileres”: ¿son lo mismo?

La parestesia puede sentirse de distintas maneras. Algunas personas describen una zona prácticamente insensible durante unos instantes; otras sienten pequeñas agujas, cosquillas o una sensación eléctrica.
Se utiliza el término parestesia para englobar percepciones como hormigueo, pinchazos, ardor, picazón o entumecimiento que aparecen sin que exista necesariamente un estímulo externo sobre la piel.
En el caso típico de una extremidad que se “duerme”, estas sensaciones son temporales y desaparecen en pocos minutos después de modificar la postura. Además, una presión breve sobre un nervio generalmente no produce un daño permanente y que su función se recupera cuando esa presión desaparece.
¿Todo hormigueo se debe a una mala postura?
No. Aunque la parestesia pasajera es muy común, un hormigueo que aparece repetidamente, dura mucho tiempo o no tiene una causa evidente puede relacionarse con otras situaciones.
MedlinePlus menciona, entre otras posibilidades, lesiones o compresiones nerviosas, síndrome del túnel carpiano, diabetes, determinadas deficiencias vitamínicas y alteraciones de la circulación.
Por eso conviene diferenciar un brazo que quedó debajo del cuerpo mientras dormíamos de una sensación persistente. Si el entumecimiento no desaparece, se repite sin una razón clara o se acompaña de debilidad, dificultad para hablar, alteraciones de la visión o problemas para caminar, es importante buscar atención médica.
En la mayoría de las situaciones cotidianas, sin embargo, esa lluvia de diminutos “pinchazos” es simplemente la forma en que percibimos a nuestros nervios mientras recuperan su funcionamiento habitual después de haber estado comprimidos durante un rato.
