Quien atraviesa una extensa zona rural de Argentina probablemente encuentre, tarde o temprano, una torre metálica coronada por una gran rueda de aspas. El molino de viento se transformó en uno de los elementos más característicos del campo, pero su función principal no era decorar el paisaje.
Estas máquinas solucionaron un problema fundamental: conseguir agua donde no había una fuente superficial cercana. Al aprovechar gratuitamente la fuerza del viento, podían accionar una bomba instalada en un pozo y llevar el agua subterránea hasta la superficie. Esa posibilidad resultó especialmente importante para abastecer animales y establecimientos alejados de las ciudades.
¿Cómo extrae agua un molino de viento?

El funcionamiento comienza arriba de la torre. Cuando sopla el viento, empuja las numerosas aspas de la rueda y hace que esta gire.
Dentro de la máquina, un mecanismo transforma ese movimiento circular en un movimiento de subida y bajada. Una larga varilla transmite entonces la fuerza hasta una bomba ubicada dentro del pozo. Allí, un pistón y unas válvulas permiten que el agua avance en una sola dirección: hacia arriba. Con cada ciclo, una nueva cantidad de agua sube por la cañería hasta llegar a la superficie.
El proceso puede resumirse en cuatro pasos:
- El viento mueve las aspas.
- La rueda hace funcionar el mecanismo de la parte superior.
- Una varilla sube y baja dentro del pozo.
- La bomba eleva el agua hasta un tanque o bebedero.
Así, el molino convierte la energía del aire en movimiento mecánico sin necesitar combustible ni una conexión eléctrica.
¿Por qué el molino de viento cambió el campo argentino?
Su expansión tuvo un enorme impacto porque una estancia necesitaba agua incluso si estaba lejos de un río o una laguna.
La Comisión Nacional de Monumentos señala que, hacia fines del siglo XIX, la difusión del molino de viento fue, junto con el ferrocarril y el alambrado, uno de los elementos que acompañaron el desarrollo de nuevos establecimientos rurales y poblaciones. Permitía obtener agua en sitios sin cursos naturales y reducía la dependencia de las lluvias almacenadas en cisternas o tajamares.
Los primeros modelos de este tipo que llegaron al país eran importados de Estados Unidos y estaban construidos en madera. Más adelante fueron reemplazados por molinos metálicos, mucho más parecidos a los que todavía se observan en numerosos campos argentinos.
Su torre alta también tenía una explicación sencilla: cuanto más elevada está la rueda, menos obstáculos encuentra el viento producido por árboles, construcciones y otras irregularidades del terreno.
¿Adónde va el agua que extrae el molino de viento?

El agua no suele salir directamente hacia donde se necesita. Generalmente es conducida primero hasta un depósito.
En muchos establecimientos argentinos aparece junto al molino el conocido tanque australiano, una gran estructura circular que permite almacenar agua. Desde allí puede distribuirse hacia bebederos u otros puntos del campo. El INTA continúa incluyendo molinos de viento dentro de sistemas rurales de abastecimiento y recomienda dimensionar el almacenamiento teniendo en cuenta incluso cuántos días consecutivos puede haber sin viento.
El agua proviene de capas subterráneas llamadas acuíferos, formaciones del suelo y de las rocas capaces de almacenar y transmitir agua. Por eso primero es necesario realizar un pozo o perforación hasta alcanzar una reserva aprovechable.
La profundidad y la cantidad de agua disponible varían mucho de un lugar a otro.
¿Un molino es lo mismo que un aerogenerador?
Aunque se parecen a primera vista, cumplen funciones diferentes.
La Secretaría de Energía argentina distingue los molinos, utilizados fundamentalmente para el bombeo mecánico de agua, de los aerogeneradores, diseñados para transformar el movimiento del viento en electricidad.
Además, la rueda del molino rural tiene muchas aspas porque está pensada para proporcionar la fuerza necesaria para mover una bomba incluso a velocidades relativamente bajas. Los enormes aerogeneradores modernos, en cambio, suelen tener tres palas y están optimizados para hacer girar un generador eléctrico.
En la actualidad existen también bombas eléctricas alimentadas por paneles solares y otras tecnologías que cumplen funciones similares. Sin embargo, el molino de viento continúa utilizándose en diferentes zonas rurales y permanece como testimonio de una transformación fundamental: permitió acceder al agua aprovechando solamente un recurso que soplaba sobre enormes extensiones del campo argentino.

