En el planeta Tierra, un día dura 24 horas (aceptemos esa convención internacional, aunque sabemos que en realidad dura 23 horas, 56 minutos y 4 segundos) y un año 365 días. Claramente, el año tiene una duración bastante mayor que la de una jornada diaria. Pero en Venus no pasa lo mismo.
En el segundo planeta más alejado del Sol, un día dura 243 días en la Tierra. Es decir, un giro sobre su propio eje le lleva a Venus 243 días terrestres. Mientras que un año, es decir una vuelta completa al Sol, le lleva 225 días terrestres.
¿Por qué pasa esto en Venus?
De todos los planetas del Sistema Solar, Venus es uno de los más anómalos si tenemos en cuenta ciertos parámetros comunes. Por ejemplo, es uno de los dos que no tienen lunas junto a Mercurio, el más cercano al Sol.
Pero no es lo único: Venus gira en dirección contraria a la de la Tierra y la mayoría de los otros planetas, y además tiene una rotación extremadamente lenta. Como está muy cerca del Sol, un año pasa muy rápido, más aún que el tiempo que tarda en girar sobre sí mismo.
Esto pasa porque, cuanto más cerca está un cuerpo celeste del Sol, mayor es la atracción gravitatoria que el Sol ejerce. Para no "caer" directamente hacia el centro, el cuerpo (en este caso planeta) acelera su marcha, haciendo que su trayectoria alrededor de gran astro dure menos.
En el caso de Mercurio, por ejemplo, que es el planeta más cercano al Sol, el día dura 58.6 días terrestres (1,408 horas) y el año 88 días terrestres. Es decir, mucho menos de lo que duran en Venus.
¿Sale el Sol en Venus?

La respuesta inmediata es: sí. Pero el Sol en Venus no "asoma" de la misma manera que en la Tierra, donde sale y se pone una vez por día. En Venus, el Sol asoma cada 117 días terrestres.
Es decir, aunque siga siendo el mismo día (porque, recordemos, dura 243 días terrestres), el Sol sale dos veces por año. A esto se suma otro dato curioso: como Venus rota "hacia atrás", el Sol asoma por el oeste y se pone por el este, lo contrario a lo que pasa en la Tierra y la mayoría de los planetas.
