El Monte Roraima es un tepuy, es decir, una meseta tabular elevada con bordes abruptos, ubicada en la sierra de Pacaraima, en el extremo sudeste del Parque Nacional Canaima, en Venezuela. Su cumbre principal alcanza los 2.810 metros sobre el nivel del mar y la superficie de su meseta ronda los 31 km². Además, su territorio se reparte entre Venezuela, Guyana y Brasil.
Monte Roraima: por qué es una de las montañas más antiguas del planeta

Lo que vuelve tan extraordinario al Monte Roraima no es solo su forma. También sorprende su antigüedad geológica. Integra el Escudo Guayanés y sus rocas se remontan al Precámbrico, con una edad aproximada de 2.000 millones de años. Por eso suele presentarse como una de las formaciones más antiguas de la Tierra.
Su aspecto actual también ayuda a explicar su fama. La montaña está rodeada por acantilados que alcanzan entre 400 y 1.000 metros de altura, lo que hace que su cima parezca una isla suspendida sobre las nubes. Esa imagen fue una de las razones por las que el paisaje inspiró relatos de exploración y aventura, entre ellos la novela El mundo perdido de Arthur Conan Doyle, publicada en 1912.
Entre los datos principales del Monte Roraima se destacan estos:
- Es un tepuy ubicado en la sierra de Pacaraima;
- Su cumbre llega a 2.810 metros sobre el nivel del mar;
- Su geología se remonta a unos 2.000 millones de años.
Monte Roraima: las leyendas que lo rodean
Buena parte del magnetismo del Monte Roraima está en las historias que lo rodean. Para el pueblo pemón, el Roraima es una montaña sagrada. Una de las creencias más difundidas habla de los mawari, guardianes o espíritus ancestrales que protegen la montaña y sus alrededores. En esa tradición, el tepuy no es solo una elevación rocosa: es un territorio vivo, cargado de memoria y poder espiritual.
Otra leyenda muy conocida vincula al Monte Roraima con el llamado “Árbol de los Frutos” o árbol sagrado del que habría surgido toda la vida. Según la tradición pemón, antes de convertirse en montaña, Roraima habría sido un árbol gigantesco del que provenían frutas, animales y hasta los seres humanos. Esa historia explica por qué la montaña aparece en algunos relatos como el origen del mundo o como la “madre de todas las aguas”.
Estas leyendas no son un detalle menor. Ayudan a entender por qué el Roraima no se mira solo como paisaje o desafío deportivo, sino también como un sitio profundamente vinculado con la identidad cultural de los pueblos originarios de la Gran Sabana.
Monte Roraima: cómo se puede visitar

El Monte Roraima es uno de los destinos de trekking más conocidos de la región. La ruta más utilizada parte del lado venezolano, desde Paraitepuy, y suele organizarse en varios días de caminata. La mayoría de los visitantes ascienden con guía indígena, contratado en Paraitepuy, San Francisco de Yuruaní o Santa Elena de Uairén.
El acceso más habitual incluye una aproximación por camino de tierra hasta Paraitepuy y luego una travesía que atraviesa campamentos como Tek, Kukenán y el campamento base, antes de subir por la famosa “rampa”, el único acceso no técnico abierto con regularidad. Ya en la cima, el terreno puede volverse confuso por la niebla, los laberintos de roca y la falta de senderos muy definidos.
Por esa razón, visitar el Monte Roraima no es una excursión improvisada. Requiere guía, planificación, buen estado físico y atención a las condiciones climáticas. Esa dificultad también alimenta su aura legendaria: llegar a la cima no es solo hacer un trekking, sino entrar en un paisaje que parece separado del resto del mundo. Esta es una inferencia apoyada en la descripción de la ruta y de las condiciones de ascenso.
Mirá También

Loriga: el pueblo de montaña de Portugal que, según la ONU Turismo, está entre los mejores del mundo
Monte Roraima: curiosidades que lo vuelven único
Una de las grandes curiosidades del Monte Roraima es que en su cima se encuentra el punto triple donde se tocan las fronteras de Venezuela, Guyana y Brasil. Otra es que, por su aislamiento, allí viven especies muy particulares, como la rana del Roraima (Oreophrynella quelchii), además de mariposas y plantas adaptadas a un ambiente extremo.
También resulta llamativo que el primer europeo en documentarlo haya sido Walter Raleigh en 1596, mientras que la primera ascensión registrada ocurrió en 1884, liderada por Everard im Thurn. Es decir, durante siglos fue una montaña visible, imponente y conocida, pero casi inaccesible.
En definitiva, el Monte Roraima sorprende por su altura, por su forma y por su antigüedad, pero también por las historias que siguen vivas a su alrededor. Entre mitos pemones, guardianes espirituales y leyendas sobre el origen de la vida, esta montaña de Venezuela conserva algo raro incluso para un paisaje extraordinario: la sensación de que, además de roca y niebla, allí todavía habita un mundo antiguo.
