Benito Quinquela Martín es uno de los pintores más famosos de la Argentina. Su nombre quedó por siempre vinculado con La Boca, el barrio donde vivió, trabajó y pintó, y al que dedicó toda su vida artística con pasión y generosidad.
No se conoce con exactitud la fecha en que nació, aunque se acordó como fecha el 1 marzo de 1890. La falta de certeza con respecto a su nacimiento se debe a que fue abandonado al poco tiempo de nacer en la Casa de Niños Expósitos, hoy conocida como Casa Cuna.
Por una nota y un pañuelo de seda que lo acompañaron ese día se supo su nombre original: Benito Juan Martín. A los ocho años lo adoptó una familia humilde del barrio de La Boca: el genovés Manuel Chinchella y Justina Molina, entrerriana de ascendencia indígena.
En ese ambiente humilde trabajó desde muy joven, primero en la carbonería de sus padres y luego como estibador en el puerto, lugares que luego serían el corazón de su obra.
El camino del artista enamorado de La Boca

Aunque colaboró en el puerto desde adolescente, Quinquela Martín siempre sintió una fuerte inclinación por el dibujo. Comenzó a tomar clases en la Sociedad Unión de La Boca, donde estudió con el pintor Alfredo Lázari. Él fue su único maestro por el resto de su vida.
En 1918, ya adulto, realizó su primera exposición individual en la Galería Witcomb de Buenos Aires, momento en que adoptó el nombre con el que sería famoso: Benito Quinquela Martín. Decidió cambiar su segundo nombre por el apellido de su padre adoptivo, quien junto a su madre lo recibieron con muchísimo amor.

Desde entonces, su obra se destacó por representar escenas de la vida cotidiana del puerto de La Boca con colores intensos, grandes composiciones y un estilo potente. La temática que eligió fue tan personal como significativa:
- La vida en el puerto, con estibadores, barcos y muelles, que él conocía desde adentro.
- El movimiento de la gente, las casas y los talleres del barrio, plasmados con colores vibrantes.
- El paisaje urbano, con su propia visión que transformaba lo cotidiano en obra de arte.
Sus obras pasaron a ser muy valoradas y expuestas no solo en Argentina, sino también en importantes escenarios internacionales, como salones en Río de Janeiro, París, Madrid, Nueva York y distintas ciudades de Italia.
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El legado de Benito Quinquela Martín
Además de su pintura, Quinquela Martín fue un gran protector del arte y la cultura en La Boca. Compró y donó terrenos para construir instituciones dedicadas a la educación y la difusión artística, con la intención de retribuir al barrio lo que él había recibido.
Sobre uno de esos terrenos se erigió la Escuela Museo Pedro de Mendoza, que hoy funciona como el Museo de Bellas Artes de La Boca y conserva una importante colección de sus obras y de otros artistas argentinos.

También fue responsable de la creación y renovación de espacios culturales: el Teatro de la Ribera fue uno de ellos, ya que el propio artista donó el terreno y se encargó de sus murales. No algo menor en su trayectoria es el embellecimiento de la famosa calle Caminito, que se convirtió en uno de los íconos culturales de Buenos Aires.
En el plano social, se dedicó a promover la recuperación de espacios públicos y la creación de jardines de infantes. Siempre ligado al arte, también facilitó la creación de un teatro popular y de murales a lo largo del barrio, que hoy se volvieron característicos de las calles boquenses.
Benito Quinquela Martín falleció el 28 de enero de 1977, dejando una huella imborrable en el arte nacional. Fue enterrado en un ataúd pintado por él mismo con una escena de La Boca, como último acto de amor por su barrio.
Entre sus muchas frases que hoy podemos recordar, destaca una que marcó el rumbo de su vida y de sus actos: "Los hombres no valen por lo que tienen, ni siquiera por lo que son, valen por lo que dan".