¿Qué eran los almacenes de ramos generales y qué se podía comprar en ellos? - Billiken
 

¿Qué eran los almacenes de ramos generales y qué se podía comprar en ellos?

En un solo comercio podían encontrarse alimentos, ropa, herramientas y hasta maquinaria agrícola. Además, algunos daban crédito y funcionaban como verdaderos centros económicos del pueblo.
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Estantes de madera hasta el techo, bolsas de alimentos, herramientas colgadas, una balanza sobre el mostrador y caballos atados afuera. Durante décadas, esa imagen fue habitual en numerosos pueblos y parajes de Argentina. Los almacenes de ramos generales eran comercios capaces de reunir bajo un mismo techo casi todo lo que una familia o un productor rural podía necesitar.

Su época de mayor desarrollo estuvo ligada al crecimiento de los pueblos, la expansión agropecuaria, la inmigración y la llegada del ferrocarril durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX. En lugares alejados de las grandes ciudades, estos negocios podían convertirse en auténticos centros de la vida económica y social.

¿Qué eran los almacenes de ramos generales?

Interior del almacén.

Sus antecedentes pueden encontrarse en las pulperías coloniales, establecimientos rurales donde se vendían bebidas, tabaco, velas y algunos productos básicos, y que también funcionaban como espacios de encuentro. A partir del siglo XIX, el crecimiento de las localidades y la incorporación de nuevas mercaderías hicieron que algunos comercios ampliaran enormemente su oferta.

El nombre lo explica bastante bien: eran de “ramos generales” porque trabajaban con una enorme diversidad de rubros. En vez de existir una ferretería, una tienda de ropa, un almacén de alimentos y una casa de artículos rurales separados, muchas veces todo podía conseguirse allí.

Estos establecimientos se convirtieron en verdaderos puntales del crecimiento de los pueblos. También se beneficiaron de la expansión ferroviaria, que facilitó el transporte de mercadería hacia regiones cada vez más alejadas.

Muchos edificios construidos entre 1900 y 1920 eran amplios y sólidos. Solían ocupar esquinas, tener largos mostradores, enormes estanterías, depósitos y grandes portones para el ingreso de carros. Afuera podía haber palenques donde los clientes ataban sus caballos.

¿Qué se compraba en los almacenes de ramos generales?

La respuesta podría ser simplemente: casi de todo. La variedad dependía del tamaño del establecimiento y de las necesidades de cada región.

Entre las mercaderías habituales podían encontrarse:

  • Alimentos: yerba, azúcar, arroz, fideos, legumbres, quesos y otros productos vendidos muchas veces sueltos y al peso.
  • Ropa y calzado: telas, prendas, alpargatas y artículos de tienda.
  • Ferretería: martillos, cadenas, alambres, candados y herramientas.
  • Artículos rurales: monturas, riendas, estribos, sogas y otros elementos de talabartería.
  • Objetos para el hogar: vajilla, muebles, productos de limpieza y artículos de bazar.
  • Equipamiento de gran tamaño: algunos negocios llegaban a ofrecer carruajes, maquinaria agrícola, molinos de viento, tranqueras y materiales para la construcción.

Detrás del mostrador, los productos a granel se guardaban en grandes cajones. El comerciante los retiraba con cucharones y los pesaba utilizando una tradicional balanza de dos platos. Casi todos estos locales tenían además un despacho de bebidas y algunos sumaban carnicería o panadería.

Los almacenes de ramos generales también funcionaban como bancos

Una de sus características más llamativas era que no se limitaban a vender. En localidades que todavía carecían de instituciones bancarias, algunos comerciantes prestaban dinero, aceptaban depósitos y vendían a crédito. La confianza personal era fundamental.

Había productores que cobraban solamente después de una cosecha, una esquila o la venta del ganado. Por eso podían llevar mercadería durante meses y pagar la cuenta cuando finalmente recibían sus ingresos. El registro quedaba anotado en libros y libretas de cuenta corriente. Algunas deudas comerciales podían extenderse durante uno, dos y hasta tres años.

También existían almacenes que compraban cueros, cereales y lana producidos en la región. De esta manera actuaban como intermediarios: abastecían a los habitantes del campo y, al mismo tiempo, reunían productos locales para comercializarlos en otros mercados.

Ese poder económico explica que algunos almaceneros prosperaran y terminaran invirtiendo en tierras. Un informe histórico sobre Azul, en la provincia de Buenos Aires, destaca el papel que estos negocios tuvieron desde mediados del siglo XIX y señala la importante participación de comerciantes inmigrantes, entre ellos italianos y franceses.

De comercio cotidiano a patrimonio histórico

Vistas a un almacén de ramos generales.

Los almacenes fueron perdiendo su función original a medida que mejoraron los transportes, aparecieron comercios especializados, bancos y supermercados, y cambió la organización de los pueblos rurales. Sin embargo, algunos sobrevivieron.

En Entre Ríos, por ejemplo, todavía funciona un almacén rural mantenido por la familia Francou desde 1907, mientras otros antiguos establecimientos se transformaron en espacios gastronómicos y turísticos. En La Pampa existe incluso una Red de Antiguos Almacenes de Ramos Generales vinculada al turismo histórico de la provincia.

Roque Pérez, en Buenos Aires, celebra además la Noche de los Almacenes, una fiesta que recupera estos antiguos espacios rurales y sus tradiciones. Algunos establecimientos conservan mostradores, fachadas, carteles y mobiliario que remiten a otra época.

Así, los almacenes de ramos generales fueron mucho más que los antepasados de un supermercado. Eran comercios, puntos de encuentro, centros de crédito y lugares de intercambio entre el campo y el pueblo. Durante décadas, buena parte de la vida cotidiana de muchas comunidades argentinas pasó frente a sus largos mostradores de madera.

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