Una ballena puede descender cientos o incluso miles de metros bajo el océano. Sin embargo, por más adaptada que esté a la vida acuática, tarde o temprano tiene que regresar a la superficie. La explicación es sencilla: las ballenas son mamíferos y respiran aire mediante pulmones.
A diferencia de los peces, no tienen branquias capaces de extraer el oxígeno disuelto en el agua. La respiración de las ballenas depende del aire atmosférico, que entra y sale a través de uno o dos orificios situados en la parte superior de la cabeza: los famosos espiráculos.
¿Cómo funciona la respiración de las ballenas?

El espiráculo puede imaginarse como una versión muy especializada de nuestras fosas nasales. Su ubicación en la parte superior de la cabeza permite que una ballena saque apenas una pequeña zona de su cuerpo fuera del agua para renovar el aire.
Cuando está sumergida, el conducto permanece cerrado mediante estructuras musculares que impiden la entrada de agua. Al llegar a la superficie, el animal abre el paso, exhala rápidamente y vuelve a inhalar antes de sumergirse.
No todas poseen el mismo número de espiráculos:
- Ballenas barbadas o misticetos: tienen dos.
- Cetáceos dentados u odontocetos: tienen uno.
- Cachalote: tiene un único espiráculo desplazado hacia el lado izquierdo de la cabeza.
Además, la boca no está conectada con los pulmones de la misma manera que en nosotros. Esta separación ayuda a disminuir el riesgo de que el agua utilizada durante la alimentación llegue a las vías respiratorias.
La respiración de las ballenas explica su famoso “chorro”
Las ilustraciones suelen mostrar a una ballena expulsando una fuente de agua desde la cabeza. Pero esa imagen es engañosa.
El espiráculo no funciona como una manguera que arroja agua desde los pulmones. Lo que la ballena expulsa principalmente es aire caliente, húmedo y a gran velocidad. Al encontrarse con el aire exterior más frío, parte de su vapor se condensa en diminutas gotas y forma la nube visible que conocemos como soplo. También puede arrastrar pequeñas gotas de agua que estaban sobre la superficie del espiráculo.
La forma de ese soplo puede incluso brindar pistas sobre la especie observada. Su altura y aspecto dependen, entre otros factores, del tamaño del animal y de la disposición de sus espiráculos.
Por eso, echar agua dentro del espiráculo de una ballena varada no ayuda al animal: puede ser peligroso precisamente porque se trata de su vía respiratoria. National Geographic advierte que esta confusión ha provocado accidentes durante intentos de rescate.
¿Cómo pueden permanecer tanto tiempo debajo del agua?

Que necesiten respirar aire no significa que tengan que hacerlo constantemente. Las ballenas desarrollaron extraordinarias adaptaciones para almacenar y administrar oxígeno durante las inmersiones.
Una de las claves está en la sangre y los músculos. Los mamíferos buceadores poseen grandes reservas de oxígeno y concentraciones elevadas de mioglobina, una proteína muscular capaz de almacenarlo. En los cetáceos, sus niveles pueden ser muy superiores a los de los mamíferos terrestres.
Al bucear también ocurren cambios fisiológicos que ayudan a ahorrar oxígeno. El ritmo cardíaco puede disminuir y el flujo sanguíneo se administra de forma que órganos esenciales, como el cerebro y el corazón, continúen recibiendo lo necesario durante la inmersión.
El tiempo bajo el agua depende enormemente de la especie. National Geographic señala algunos ejemplos:
- Un rorcual minke puede permanecer sumergido alrededor de 15 minutos;
- Un cachalote puede acercarse a los 90 minutos;
- Un zifio de Cuvier puede superar las dos horas.
¿Por qué tienen pulmones si viven completamente en el mar?
La respuesta está en su historia evolutiva. Los cetáceos descienden de mamíferos terrestres cuyos antepasados comenzaron a adaptarse a ambientes acuáticos hace decenas de millones de años.
La evolución modificó radicalmente sus cuerpos: las extremidades anteriores se convirtieron en aletas, desarrollaron una poderosa cola horizontal y las antiguas fosas nasales se desplazaron progresivamente hacia la parte superior de la cabeza hasta originar los espiráculos actuales. Pero conservaron una característica esencial de sus antepasados: los pulmones.
De hecho, otros rasgos también delatan que son mamíferos: mantienen una temperatura corporal relativamente constante, dan a luz crías vivas y las alimentan con leche.
La respiración de las ballenas muestra así hasta dónde puede llegar la adaptación. Estos animales transformaron casi todo su cuerpo para vivir en el océano, pero nunca dejaron de depender del aire. Cada vez que una ballena emerge y lanza su espectacular soplo, realiza la misma tarea básica que cualquier mamífero terrestre: tomar el oxígeno que necesita para seguir viviendo.

