Encendemos una lámpara durante una noche de verano y, al poco tiempo, aparecen polillas y otros insectos revoloteando a su alrededor. Algunos giran una y otra vez, otros se acercan demasiado y terminan cayendo. ¿Qué tiene la luz que provoca un comportamiento tan extraño?
Durante décadas se propusieron distintas respuestas. Una de las más conocidas sostenía que los insectos utilizaban la Luna como referencia para navegar y confundían las lámparas con ella. Pero un estudio publicado en Nature Communications en 2024 encontró una explicación diferente: la iluminación artificial cercana puede alterar la manera en que los insectos determinan cuál es la dirección del cielo.
¿Cómo se orientan las polillas cuando vuelan?

Para desplazarse por el aire, cualquier animal volador necesita saber qué dirección corresponde a “arriba” y cuál a “abajo”.
Durante millones de años, los insectos pudieron utilizar una señal bastante confiable: el cielo suele ser la parte más luminosa del paisaje, incluso durante la noche. Muchos insectos presentan un comportamiento denominado respuesta dorsal a la luz: intentan mantener la parte superior de su cuerpo orientada hacia la región más brillante.
En condiciones naturales, esto ayuda a conservar una posición adecuada durante el vuelo.
El problema aparece cuando una lámpara, un reflector o cualquier otra fuente intensa se convierte en el punto más brillante del entorno. Entonces el insecto puede interpretar esa luz cercana como una referencia de orientación y comenzar a inclinar su cuerpo hacia ella. Butterfly Conservation explica que esta reacción puede provocar giros continuos e incluso hacer que el animal se dé vuelta cuando pasa por encima de la fuente luminosa.
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¿Por qué las polillas terminan girando alrededor de la luz?
Para observar exactamente qué ocurría, los investigadores utilizaron cámaras de alta velocidad y sistemas capaces de reconstruir en tres dimensiones el vuelo de insectos tanto en laboratorio como en condiciones naturales.
Analizaron 477 grabaciones de campo y estudiaron insectos pertenecientes a diez órdenes diferentes. Encontraron tres comportamientos que aparecían repetidamente cerca de las luces artificiales:
- Órbitas: el insecto gira alrededor de la fuente luminosa.
- Ascensos y pérdida de velocidad: comienza a subir, pero termina frenándose y cayendo.
- Inversiones: al pasar por encima de la lámpara, puede girarse y quedar momentáneamente boca abajo.
En todos esos casos apareció el mismo patrón: los insectos trataban de mantener el dorso dirigido hacia la luz.
Eso explica el vuelo circular. Al inclinar continuamente el cuerpo hacia una lámpara situada a un costado, también cambia la dirección en la que se genera la fuerza necesaria para volar. El resultado puede ser una trayectoria curva que mantiene al insecto atrapado alrededor de la fuente.
Las polillas no necesariamente vuelan directamente hacia las lámparas
Este descubrimiento modifica una idea muy arraigada.
Los investigadores observaron que los insectos no solían dirigirse en línea recta hacia la luz. Con frecuencia volaban de forma perpendicular a ella y quedaban atrapados cerca debido a los continuos intentos de corregir su posición.
Esto tampoco encaja bien con la antigua teoría de la Luna. Si una polilla utilizara una lámpara simplemente como una falsa brújula celeste, los movimientos esperados serían diferentes de las órbitas, caídas e inversiones observadas por las cámaras.
El estudio tampoco encontró respaldo para que el calor explique el fenómeno: luces LED que prácticamente no emiten radiación infrarroja también provocaron el comportamiento.
¿Todas las polillas reaccionan igual?

No. El comportamiento puede variar según la especie, el tipo de luz y las condiciones del ambiente.
El propio estudio encontró insectos menos afectados por determinadas configuraciones luminosas. Además, los resultados explican sobre todo qué sucede cuando un insecto ya se encuentra cerca de una fuente artificial. No demuestran que una lámpara necesariamente atraiga polillas desde grandes distancias.
La iluminación nocturna puede, sin embargo, mantener a muchos insectos atrapados en vuelos repetitivos y alejarlos de actividades normales. Por eso los investigadores plantean que reducir luces innecesarias y evitar fuentes intensas dirigidas hacia arriba puede disminuir esta interferencia.
Así, las polillas que giran alrededor de una lámpara probablemente no estén intentando alcanzarla. Su comportamiento parece surgir de algo mucho más curioso: un sistema de orientación que funcionó durante millones de años bajo un cielo natural puede confundirse cuando, de repente, aparece un pequeño “cielo” brillante al costado.
