Hay animales que parecen salidos de una leyenda, y el aguará guazú entra en esa categoría. Su figura alta, su andar silencioso y la franja oscura que le recorre el cuello le dan una apariencia inconfundible en los pastizales y humedales del noreste argentino.
Para algunos pueblos originarios, como tobas y mocovíes, además, es un ser rodeado de espiritualidad. Y aunque en guaraní su nombre significa “zorro grande”, el aguará guazú no es un zorro en sentido estricto.
Es un cánido, es decir, pertenece a la misma gran familia de los perros, los lobos y los zorros, pero constituye una especie muy singular: Chrysocyon brachyurus, la única de su género. También recibe otros nombres, como lobo de crin o potrillo.
En Argentina es una especie amenazada a nivel nacional y forma parte de distintos programas de conservación. A escala global, la UICN lo ubica como Casi Amenazado, y distintas fuentes coinciden en que la población continental tiene menos de 17.000 individuos maduros y sigue decreciendo.
Aguará guazú: cómo es y qué lo distingue

El aguará guazú es el cánido más grande de Sudamérica y uno de los más fáciles de reconocer a simple vista. Tiene pelaje rojizo, hocico fino, orejas muy grandes y patas largas y delgadas, una adaptación que le permite desplazarse mejor entre pastos altos y terrenos anegados. La crin oscura del cuello y los hombros, además, es uno de sus rasgos más famosos.
Los ejemplares adultos suelen pesar entre 20 y 34 kilos, y su esperanza de vida puede llegar a 12 a 15 años. A pesar de su tamaño, no es un gran perseguidor de presas grandes: su dieta es omnívora y bastante variada, con insectos, pequeños vertebrados, aves, frutos y otros recursos que encuentra de manera oportunista.
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También es un animal más bien solitario y tímido. Suele moverse al amanecer, al atardecer o durante la noche, y evita el contacto con las personas. Esa conducta hace que muchas veces resulte difícil verlo, incluso en áreas donde todavía está presente.
En qué provincias de Argentina vive
En el país, el aguará guazú se distribuye de manera fragmentada en Corrientes, Formosa, Chaco, el norte de Santa Fe y Córdoba, el este de Santiago del Estero y el sur de Misiones.
Pero no vive en cualquier paisaje. En general prefiere pastizales con agua, malezales, ambientes ribereños, humedales y campos abiertos con vegetación alta. Por eso su presencia está tan ligada al noreste argentino y a zonas donde el agua estructura el territorio, como ocurre en Iberá o en sectores del Río Pilcomayo.
Esa relación con los humedales no es menor. Greenpeace remarca que sus patas largas son, justamente, un símbolo de esa vida en ambientes inundables o semianegados. Allí puede moverse con más soltura y encontrar tanto refugio como alimento.
Las amenazas que enfrenta el aguará guazú

La situación del aguará guazú preocupa porque las amenazas que lo afectan son varias y, muchas veces, ocurren al mismo tiempo. Entre las principales, como explica Greenpeace, están:
- La pérdida y degradación del hábitat, por el avance de la agricultura, la ganadería y las forestaciones.
- Los atropellamientos en rutas, un problema cada vez más frecuente en regiones donde su ambiente está fragmentado.
- La persecución directa, que incluye caza ilegal, captura y mascotismo.
- Las enfermedades transmitidas por perros asilvestrados, como el distemper canino.
A eso se suma otro problema más imperceptible como tal: cuando las poblaciones quedan aisladas en parches pequeños de ambiente natural, se vuelve más difícil sostenerlas a largo plazo. Por eso los especialistas insisten en conservar no solo a los especímenes, sino también corredores y grandes extensiones de hábitat que garantizan su supervivencia.