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"¿Usted es imbécil?": Conocé las preguntas que se hicieron en el primer censo de Argentina

primer censo de Argentina: las preguntas más curiosas que se hicieron
En 1869 se realizó el primer censo de Argentina bajo la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento. El relevamiento permitió conocer cuántos habitantes tenía el país, cuáles eran sus edades y, entre otras preguntas, si tenían alguna "condición especial".
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El primer censo de Argentina se llevó a cabo en 1869, bajo el mandato de Sarmiento, y buscó contar a la población, registrar sus características y establecer una primera "fotografía" del territorio nacional.

Al revisar sus cuestionarios, sin embargo, aparecen preguntas que llaman la atención y que, de hacerse hoy, serían más que cuestionadas. Algunas de ellas, por ejemplo, apuntaban a conocer si una persona era "demente", "amancebada" o incluso "estúpida".

Más allá de estos términos, que en ese tiempo se usaban de manera común pero hoy resultan peyorativos, este censo fue clave para organizar políticas públicas, planificar servicios y conocer la conformación social del país en un momento en el que Argentina se encontraba en plena consolidación.

¿Cuáles fueron los resultados del primer censo de Argentina?

El primer censo de Argentina preguntó si las personas eran estúpidas, cretinas o dementes.

El primer censo de Argentina se realizó entre el 15 y el 17 de septiembre de 1869. Como dato curioso, incluyó no solo a los residentes del territorio nacional sino también al Ejército que participaba en la Guerra de la Triple Alianza y a los argentinos que residían en el exterior. Los números fueron los siguientes:

  • Registró un total de 1.877.490 personas.
  • El Ejército que estaba en Paraguay se contó en 6.276 personas.
  • Los argentinos en el exterior se estimaron en 41.000 personas.
  • No se registraron a los residentes de las comunidades originarias, pero se estimaron en 93.138 personas.

Sin embargo, no todo el territorio nacional fue censado: en regiones como Chaco, Chubut (salvo la colonia galesa), Formosa, La Pampa, Misiones, Neuquén, Río Negro, Santa Cruz y Tierra del Fuego solo se hicieron estimaciones, ya que no estaban bajo control del Estado Nacional.

A diferencia de los censos modernos, el de 1869 fue exclusivamente de población, es decir que no se registraron viviendas. Los datos se recolectaron mediante entrevistas directas y se anotaron en planillas generales, porque todavía no existía un cuestionario individual.

Esta metodología se conoce como censo de hecho, ya que la persona era registrada en el lugar en el que se encontraba en ese momento. El Censo 2022, en cambio, fue el primero en aplicar lo que se conoce como censo de derecho, es decir: se toma como hogar el lugar donde la persona habita al menos cuatro días a la semana.

Entre las variables relevadas en el Censo 1869 figuraban nombre y apellido, sexo, edad, estado civil, nacionalidad, provincia de nacimiento, profesión, oficio, ocupación, medio de vida y nivel de alfabetización. Los resultados se avalaron mediante la Ley Nº 565 de 1872.

Como cuenta el Museo Histórico Sarmiento, "de los datos obtenidos figura que el 77% de los habitantes nacionales eran analfabetos, que solo el 30% del total se radicaba en ciudades y que el 29% sabía leer y escribir". Pero uno de los apartados más llamativos fue el de las llamadas "condiciones especiales".

Las "condiciones especiales" y las preguntas más llamativas del censo de 1869

plantilla oficial del primer censo de Argentina
Plantilla oficial del primer censo de Argentina. En el recuadro naranja pueden verse las categorías especiales.

El primer censo de Argentina dejó un listado de categorías que hoy sorprenden y que evidencian la mirada de la época sobre las condiciones y capacidades de la población. En la planilla oficial se preguntaba si la persona era:

  • “Ilegítima” o “amancebada” (hijos nacidos fuera del matrimonio o personas que convivían sin estar casadas).
  • “Demente, sordo-mudo o ciego”, en referencia a discapacidades físicas o mentales.
  • “Cretino, imbécil, estúpido, opa”, categorías que se usaban en ese momento para describir a personas con discapacidades intelectuales.
  • “Con bocio o coto”, por una enfermedad relacionada con la tiroides.
  • “Inválido”, término que englobaba a quienes no podían trabajar por problemas de salud.

Estos registros permiten entender cómo se concebían las diferencias físicas y sociales en el siglo XIX. Aunque los términos resulten ofensivos hoy, eran parte del lenguaje técnico y administrativo de la época.

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