Un palíndromo es una palabra o frase que puede leerse de izquierda a derecha y también de derecha a izquierda sin cambiar de la misma manera. Es uno de esos juegos del lenguaje que a veces aparecen en palabras cotidianas sin que reparemos en su simetría.
La Real Academia Española da como ejemplos “anilina” y la conocida frase “Dábale arroz a la zorra el abad”. El término procede del griego palíndromos, que significa “que recorre a la inversa”.
¿Cómo se reconoce un palíndromo?
En una palabra es sencillo: basta con invertir el orden de sus letras y comprobar si permanece igual. “Radar”, “reconocer” y “somos”, por ejemplo, conservan exactamente la misma secuencia en ambos sentidos.
Con las frases, el juego es un poco más complejo. Habitualmente se observa la sucesión de letras y se dejan de lado espacios, mayúsculas y signos de puntuación. Por eso una oración puede seguir siendo palindrómica aunque su escritura incluya varias palabras.
¿Para qué sirven estos juegos de palabras?

Los palíndromos se utilizan sobre todo como una forma de experimentación y entretenimiento con el idioma. Aparecen en acertijos, literatura, talleres de escritura y ejercicios escolares porque obligan a prestar atención al orden de las letras y a la estructura de las palabras.
Construir una frase larga que funcione en ambos sentidos es difícil. Cuanto más extensa es, más complicado resulta conservar al mismo tiempo la simetría y un significado natural, razón por la que muchos palíndromos extensos suenan extraños o humorísticos.
¿Qué diferencia hay entre un palíndromo y un número capicúa?
Cuando la simetría aparece en cifras, en español se habla de capicúa. Según la RAE, es un número que permanece igual al leerlo de izquierda a derecha o de derecha a izquierda.
Así ocurre con 11, 121, 1331 o 2002. El término procede del catalán cap i cua, que significa “cabeza y cola”, una imagen muy gráfica: el número coincide tanto si se empieza por un extremo como por el otro.
La idea matemática es la misma que en las palabras, aunque cambien los símbolos. Por eso los capicúas también pueden encontrarse en fechas, números de boletos, matrículas u otras secuencias y llamar la atención justamente por esa simetría.
