Un fuerte terremoto volvió a sacudir Kumamoto, en el sudoeste de Japón. La Agencia Meteorológica del país informó que el movimiento tuvo una magnitud de 7,1, se originó a unos 10 kilómetros de profundidad y alcanzó el nivel máximo en la escala japonesa de intensidad sísmica.
Los primeros informes mencionaron personas heridas, edificios dañados, interrupciones del transporte y decenas de miles de hogares sin electricidad. Sin embargo, más allá de sus consecuencias inmediatas, el nuevo terremoto volvió a plantear una pregunta: ¿por qué Kumamoto registra movimientos sísmicos tan intensos?
¿Dónde queda Kumamoto?
Kumamoto es una prefectura ubicada en el centro de Kyushu, la más al sur de las cuatro islas principales de Japón. Su capital también se llama Kumamoto y se encuentra cerca del mar de Ariake, en una región de montañas, llanuras y áreas volcánicas.
La prefectura alberga al monte Aso, uno de los volcanes activos más conocidos del país. Sin embargo, esto no significa que todos sus terremotos sean provocados por el movimiento del magma. Los grandes sismos destructivos de Kumamoto suelen estar relacionados con el desplazamiento repentino de bloques de roca a lo largo de fallas tectónicas.
Una falla es una fractura de la corteza terrestre. A ambos lados de ella, las rocas pueden permanecer trabadas mientras acumulan tensión durante años, siglos o incluso milenios. Cuando esa tensión supera la resistencia de las rocas, los bloques se desplazan de manera brusca y liberan energía en forma de ondas sísmicas.
¿Por qué Kumamoto registra terremotos tan fuertes?

Japón se encuentra en una de las zonas con mayor actividad sísmica y volcánica del mundo. En sus alrededores interactúan varias placas tectónicas, entre ellas las placas del Pacífico, Filipina, Euroasiática y Norteamericana u Ojotsk.
El movimiento constante de estas enormes piezas de la superficie terrestre genera presión y deformaciones en el archipiélago. Por este motivo, Japón forma parte del Cinturón de Fuego del Pacífico, una región de más de 40.000 kilómetros donde se concentra gran parte de los terremotos y volcanes activos del planeta.
Pero no todos los terremotos japoneses se producen exactamente en los límites entre las grandes placas. Algunos ocurren tierra adentro, sobre fallas que atraviesan las propias islas, como en el caso de Kumamoto.
Las fallas de Futagawa e Hinagu: el posible origen del terremoto en Kumamoto
El centro de la prefectura está atravesado por el sistema de fallas Futagawa-Hinagu, que se extiende aproximadamente 75 kilómetros a través de Kyushu.

La falla de Futagawa ocupa la parte norte, mientras que la de Hinagu continúa hacia el sur. Ambas pueden desplazarse principalmente de manera horizontal, como si dos enormes bloques de roca se deslizaran uno junto al otro.
Los estudios geológicos demostraron que estas fallas se movieron repetidas veces durante miles de años. Entre un gran terremoto y otro pueden transcurrir períodos muy extensos, pero eso no significa que la región deje de estar activa.
¿En qué influye la poca profundidad?
Un terremoto superficial puede producir sacudidas intensas porque las ondas sísmicas recorren una distancia relativamente corta antes de llegar a la superficie. Esto no significa que todos los terremotos poco profundos sean destructivos, porque los daños también dependen de:
- la magnitud;
- la distancia al epicentro;
- la duración del movimiento;
- el tipo de suelo;
- la resistencia de los edificios;
- la cantidad de personas e infraestructuras expuestas.
En Kumamoto, varias fallas activas atraviesan zonas pobladas. Por eso, un movimiento fuerte y superficial puede afectar rápidamente ciudades, localidades rurales, carreteras y servicios públicos.
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¿Se puede saber cuándo ocurrirá otro terremoto en Kumamoto?
Los científicos pueden identificar fallas activas, estudiar terremotos antiguos y calcular probabilidades para períodos extensos. Pero todavía no pueden predecir con exactitud el día, la hora y el lugar de un futuro movimiento.
Japón intenta reducir el impacto mediante estrictas normas de construcción, simulacros, sensores y sistemas de alerta temprana. Estos avisos no predicen el terremoto: detectan que ya comenzó y aprovechan la diferencia de velocidad entre las comunicaciones y las ondas sísmicas para enviar una advertencia de pocos segundos.
