Decimos que una ciudad está a cierta cantidad de metros sobre el nivel del mar o que una fosa oceánica se encuentra a miles de metros de profundidad. Pero basta con observar una playa durante unos minutos para detectar un problema: el mar nunca permanece a la misma altura.
Las olas cambian la superficie a cada instante. Además, las mareas hacen que el agua avance y retroceda periódicamente, mientras que el viento, la presión atmosférica y las tormentas pueden producir nuevas variaciones. Entonces, ¿dónde está exactamente ese supuesto “nivel cero”?
La respuesta está en los promedios. Los científicos realizan observaciones durante mucho tiempo para eliminar, en la medida de lo posible, las oscilaciones momentáneas y obtener una superficie de referencia conocida como nivel medio del mar.
¿Cómo se calcula el nivel del mar?

El nivel del mar no se obtiene observando dónde llega una ola en un momento determinado. Para calcularlo es necesario reunir numerosas mediciones y analizar cómo cambia la altura del agua a lo largo del tiempo.
El nivel medio del mar representa una altura promedio de la superficie oceánica en la que se consideran las variaciones producidas por las mareas y el oleaje. De esa manera se busca una referencia mucho más estable que la superficie visible en un instante concreto.
En las costas, uno de los instrumentos fundamentales es el mareógrafo. Estos aparatos registran continuamente la altura del agua respecto de un punto de referencia ubicado en tierra firme. Así permiten seguir las subidas y bajadas de la marea y calcular promedios durante meses o años.
Como ejemplo, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) utiliza períodos de 19 años para establecer determinados valores de referencia de las mareas. El nivel medio local puede calcularse a partir del promedio de las alturas horarias registradas durante ese período.
Tres cosas que hacen cambiar el nivel del mar
La superficie oceánica no forma una capa perfectamente lisa alrededor del planeta. Puede variar entre un lugar y otro y también a lo largo del tiempo.
Entre los factores que modifican temporalmente o de manera más prolongada su altura se encuentran:
- Las mareas: producidas principalmente por la atracción gravitatoria de la Luna y el Sol.
- El viento y las tormentas: pueden acumular o retirar agua de una costa y provocar cambios importantes durante horas o días.
- La temperatura y la cantidad de agua del océano: el calentamiento del agua produce expansión térmica, mientras que el deshielo continental puede añadir agua a los mares.
También influyen los movimientos del terreno. Una costa puede hundirse o elevarse lentamente, por lo que el nivel del mar observado desde ese lugar puede cambiar aunque la cantidad de agua no varíe en la misma proporción.
¿Cómo se mide el nivel del mar desde el espacio?

Los mareógrafos permiten realizar mediciones muy precisas en lugares concretos, pero no pueden cubrir todo el planeta. Por eso, desde la década de 1990 los satélites se convirtieron en otra herramienta fundamental.
NASA explica que los satélites de altimetría llevan instrumentos capaces de enviar pulsos de radar hacia el océano. La señal rebota en la superficie y vuelve al satélite. Midiendo con enorme precisión cuánto tarda en hacer ese recorrido, los científicos pueden calcular la distancia hasta el agua y determinar su altura.
Los satélites recorren enormes extensiones oceánicas y permiten construir una imagen casi global. Los datos espaciales se combinan con las observaciones de los mareógrafos costeros: los primeros ofrecen una cobertura mucho mayor y los segundos poseen registros locales que, en algunos lugares, se remontan a más de un siglo.
¿Para qué sirve conocer el nivel del mar?
Una vez establecida una referencia vertical, es posible indicar que una montaña se encuentra, por ejemplo, a miles de metros “sobre el nivel del mar”. También pueden definirse profundidades y realizarse relevamientos topográficos, obras costeras y estudios sobre inundaciones.
Sin embargo, no existe una única superficie oceánica inmóvil que pueda señalarse con una línea alrededor del planeta. Incluso el nivel medio varía entre regiones debido a corrientes, temperatura, gravedad y movimientos del terreno.
Por eso, medir el nivel del mar significa transformar un océano siempre cambiante en una referencia útil mediante muchísimas observaciones, tiempo y promedios. Lo que llamamos “cero” no es una línea quieta que podamos ver en la playa, sino una construcción científica que permite medir nuestro planeta con mucha mayor precisión.

