Toda ciudad esconde una historia. O más. Algunas fueron disputadas por al menos tres imperios, como sucedió con la ciudad de Rijeka (hoy en Croacia), y otras cambiaron varias veces de nombre a lo largo de los siglos, como pasó con la actual Estambul (antes Constantinopla, Bizancio y Lygos). Pero pocas fueron la capital de dos países distintos, y entre ellas hay una sudamericana: Río de Janeiro.
La ciudad carioca, conocida como "A Cidade Maravilhosa", tiene tanta historia que su propio nombre es producto de una confusión de los navegantes portugueses que llegaron a la zona, hace más de 500 años.
Breve historia de Río de Janeiro

A comienzos del siglo XVI el Imperio de Portugal desembarcó en el actual territorio de Brasil. No tardó mucho en fundar las primeras ciudades y, con el tiempo, en establecer una economía basada en la producción de azúcar mediante la explotación de personas esclavizadas traídas de África.
En 1502, una de las expediciones llegó a la Bahía de Guanabara y la confundió con un río. Y, como era enero, decidieron llamar al lugar "Río de Enero", que en portugués es Rio de Janeiro. Sin embargo, la ciudad fue fundada oficialmente en 1567, cuando se expulsó a los franceses, que también tenían interés en la zona.
Con el paso del tiempo la ciudad creció y, cuando los portugueses encontraron oro en Minas Gerais, decidieron trasladar la capital de la colonia a Rio. Así, permaneció como capital de la colonia y, luego de la independencia, de la República Federativa de Brasil hasta 1960, cuando Brasilia pasó a ocupar ese rol. Pero en el medio, durante trece años, fue la capital del mismísimo Imperio de Portugal.
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A principios del siglo XIX, la ambición de Napoleón por conquistar buena parte de Europa puso en crisis a distintos reinos e imperios del continente. Uno de ellos fue el de Portugal, que se encontró en una situación desesperada cuando el emperador francés los amenazó por seguir comerciando con Inglaterra, país al que Napoleón no había podido invadir.

La corte portuguesa de Juan VI decidió, entonces, que los más seguro era mudarse de Europa. Partieron en 1807 y llegaron en 1808, en navíos que traían desde libros hasta los objetos más lujosos que eran moda en la época. Se cree que más de 10.000 integrantes de la alta sociedad portuguesa llegaron a Sudamérica.
¿Y dónde se instalaron? Cerca del oro y de la costa, en Rio de Janeiro, que pasó a ser la sede y capital de todo el Imperio portugués. Así, se convirtió en la única capital europea fuera de Europa de la historia.