Ladislao Biró, un pionero de los emprendedores argentinos que patentó más de 30 inventos - Billiken
 

Ladislao Biró, un pionero de los emprendedores argentinos que patentó más de 30 inventos

La campaña Principios de Grupo Atlántida se renueva en 2022 y este mes celebra a los emprendedores. En este marco, Billiken quiere recordar a uno de los mayores inventores y pioneros argentinos que marcó un camino a fuerza de trabajo, perseverancia y buenas ideas.
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Ladislao José Biró fue un hombre incansable, conocido por haber desarrollado una gran cantidad de inventos, entre los cuales se destaca la famosa birome. Con más de 32 patentes registradas, este húngaro nacionalizado argentino fue un pionero de los emprendedores.

Biró nació en Budapest el 29 de septiembre de 1899 en el seno de un hogar humilde. Vivía con sus padres y su hermano. Desde pequeño manifestó una gran curiosidad por indagar en aquellas cuestiones que le interesaban. Al terminar sus estudios en la escuela, comenzó a trabajar como periodista y luego como editor en un periódico local, profesión que continuaría en Argentina.

Durante su vida y además de la birome, Biró inventó una máquina automática de lavar ropa, la caja de cambios automática, un perfumero que poseía el mismo principio de la birome y que después se utilizó en los desodorantes a bolilla, una cerradura inviolable e, incluso, desarrolló el principio del sistema electromagnético que se aplicaría en el tren bala japonés medio siglo después. Después de una vida dedicada a los inventos, murió el 24 de octubre del año 1985, en la ciudad de Buenos Aires.

Ladislao Biró

Su más famoso invento

A este periodista de profesión no le gustaban las lapiceras de fuente o de pluma, tal como se llamaban, porque solían perder tinta o se atascaban sobre el papel. Luego de pensar mucho, junto con su hermano logró desarrollar una tinta que permitía un trazo más fluido. Pero tenía un problema: la tinta no se distribuía correctamente sobre el papel.

Sorpresivamente, la solución apareció ante sus ojos mientras paseaba por un parque. Allí vio a un grupo de niños que jugaba a la pelota sobre un charco de agua y observó que el balón mojado distribuía una fina capa de agua de manera recta y uniforme mientras rodaba. Otra versión indica que Biró se inspiró en el rodillo que se utilizaba para la impresión de los diarios y las revistas, que tiraba tinta sin manchar. De una u otra fuente, tomó la idea y la plasmó en la flamante lapicera. Y esa fue la clave del éxito de la birome: una bolita colocada entre el contenido y el aplicador.

El primer prototipo de bolígrafo ideado por Biró estuvo listo a finales de la década de 1930. Sin embargo, el contexto en Europa no contribuía para el desarrollo del invento. El ascenso del nazismo y la inminente Segunda Guerra Mundial impidieron la puesta en marcha de su producción. Pero un encuentro casual con Agustín Pedro Justo resolvería todos los problemas del inventor. El político argentino no solo animó a Biró a desarrollar su invento en Argentina sino que además lo ayudó a venir al país.

Instalados en buenos Aires, Ladislao y su amigo Juan Jorge Meyne crearon la empresa Birome, cuyo nombre surge de la unión de los dos apellidos. Desde el garage en que se encontraban, lanzaron al mercado el prototipo a un costo bajo. La esferográfica, tal como se la llamó en ese primer momento a la birome, hizo su entrada triunfal y el éxito estuvo asegurado.

Finalmente, luego de meses de trabajo que permitieron perfeccionar el producto, en 1943 la lapicera se presentó con el nombre de Birome. Desde entonces se popularizó alrededor del mundo y rápidamente el bolígrafo reemplazó a las plumas en todos los ámbitos: la universidad, la escuela y la oficina. Con el paso del tiempo la birome llegó a ser un objeto indispensable en la vida cotidiana de millones de personas.

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