¿Cómo se volvió popular el sifón de soda en Argentina? - Billiken
 

¿Cómo se volvió popular el sifón de soda en Argentina?

El sifón llegó a hogares, bares y restaurantes mediante una extensa red de soderías. Sus envases retornables y el reparto puerta a puerta lo convirtieron en un objeto cotidiano.
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El sifón de soda se volvió popular en Argentina porque reunió tres ventajas: conservaba el agua con gas, permitía servirla con facilidad y podía reutilizarse muchas veces. A eso se sumó una red de soderías y repartidores que llevó los pesados envases de vidrio hasta casas, bares y restaurantes.

La soda es agua a la que se incorpora dióxido de carbono bajo presión. Dentro del sifón, el gas mantiene las burbujas y empuja el líquido hacia afuera cuando se acciona la palanca. Ese pequeño chorro pasó a acompañar comidas, cafés, aperitivos y vasos de vino durante buena parte del siglo XX.

¿Cuándo llegó el sifón de soda a las mesas argentinas?

Recipiente actual.

El consumo de agua gasificada se expandió en el país durante el siglo XIX, en paralelo con la inmigración, el crecimiento de las ciudades y la aparición de fábricas de bebidas. En sus primeras décadas era más frecuente encontrarla en licorerías, confiterías y restaurantes.

Hacia 1904 y 1905, según la historia reconstruida por el Museo de la Soda y el Sifón de Argentina, numerosas soderías comenzaron a separarse de las licorerías y a funcionar como establecimientos especializados. Al principio, quien quería consumir soda en su casa debía buscarla en un comercio.

El gran cambio llegó desde la década de 1930, cuando el reparto domiciliario se extendió. El sodero recorría los barrios, retiraba los envases vacíos y dejaba sifones llenos dentro de cajones. Este sistema permitía utilizar una y otra vez las botellas.

El sodero y la popularidad del sifón de soda

La visita del sodero se transformó en parte de la rutina barrial. Cada familia podía encargar una cantidad fija y recibirla varios días por semana. El reparto resolvía una dificultad concreta: los sifones de vidrio eran resistentes, pero también pesados.

Algunas características de este sistema eran:

  • Envases retornables: se lavaban, rellenaban y volvían a circular.
  • Reparto regular: el sodero mantenía recorridos y días establecidos.
  • Cajones protectores: ayudaban a transportar varias botellas.
  • Consumo compartido: el mismo sifón se colocaba en el centro de la mesa.

Los modelos antiguos solían tener cuerpo de vidrio grueso y una cabeza metálica. Con el tiempo aparecieron versiones plásticas y sifones domésticos recargables, como el difundido modelo Drago.

¿Por qué el sifón de soda se convirtió en una costumbre?

El sifón de soda y sus variantes.

La soda encontró un lugar especial en una sociedad donde el vino y los aperitivos ocupaban un sitio importante. Servía para “cortar” el vino, preparar bebidas como el vermut y acompañar el café en bares y confiterías.

También era accesible, no contenía azúcar y podía llegar directamente a cada hogar. El sonido al presionar la palanca, las burbujas y los sifones de distintos colores quedaron asociados con almuerzos familiares y reuniones entre amigos.

Aunque el consumo cambió y aparecieron botellas descartables y máquinas modernas, el oficio del sodero no desapareció. El sifón de soda continúa en muchas mesas y conserva una historia construida entre fábricas, repartos barriales y costumbres compartidas.

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