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La historia de Estela: el pueblo ferroviario de Buenos Aires que quedó completamente abandonado en 2022

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En el sudoeste bonaerense, Estela nació al calor del tren, creció como un pequeño núcleo rural y terminó apagándose con el paso de las décadas. Su historia resume la de muchos pueblos ferroviarios argentinos: auge, despoblamiento y, finalmente, silencio.
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Esta localidad estaba ubicada en el partido de Puan, en el sur de la provincia de Buenos Aires, dentro de una zona agrícola y ganadera donde el ferrocarril fue decisivo para ordenar la vida económica y social. Durante gran parte del siglo XX, Estela fue un pequeño pueblo bonaerense con escuela, comisaría, almacén y estación; hoy es recordado como uno de los tantos casos de localidades que se vaciaron hasta quedar sin habitantes.

Estela: dónde está y cómo nació

La historia de Estela comenzó ligada a la expansión ferroviaria. La estación que dio origen al pueblo se fundó en 1908, dentro del ramal del Ferrocarril General Roca entre Villa Iris y Empalme Piedra Echada. El nombre de la localidad se vinculó con Estela, hija de Ramón López Lecube, un hacendado que colaboró con la llegada de las vías en esa zona del sudoeste bonaerense.

Ese origen explica casi todo lo que vino después. Como ocurrió con muchos pueblos del interior, Estela no surgió primero como un gran centro productivo y después recibió el tren, sino al revés: el ferrocarril fue el punto de partida del asentamiento. A su alrededor se organizaron las viviendas, los servicios básicos y la actividad agropecuaria, que dependía de la conexión ferroviaria para sacar producción y recibir mercaderías.

Entre los datos más importantes de Estela se destacan estos:

  • Pertenece al partido de Puan, en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires;
  • La estación Estela se fundó en 1908 y habilitada definitivamente en 1909;
  • En 2001 tenía 25 habitantes y en 2010 solo 2.

Estela: la época dorada del pueblo ferroviario

En sus años de mayor actividad, Estela llegó a tener una vida local intensa para su escala. El pueblo contó con comisaría, escuela, almacén e incluso una empresa harinera importante de la región pampeano-patagónica. En ese período, el tren no era solo un medio de transporte: marcaba el ritmo de la vida cotidiana y sostenía el vínculo del pueblo con el resto de la provincia.

Estela tuvo un pequeño apogeo rural asociado al ferrocarril y a la actividad agrícolo-ganadera. Es por eso que alcanzó una población aproximada de 90 habitantes, antes de iniciar un declive largo y sostenido.

Estela: cuándo empezó a vaciarse y por qué

Cartel de Estela.

El despoblamiento de Estela no ocurrió de golpe. Se trató de un proceso gradual, ligado a varios factores. Las fuentes locales señalan la baja rentabilidad del campo, la falta de oportunidades para los jóvenes y, sobre todo, la pérdida del impulso ferroviario como motores centrales del éxodo. A medida que el tren dejó de tener el peso que había tenido antes, el pueblo empezó a quedarse sin funciones y sin atractivo para retener población.

Los censos reflejan muy bien esa caída. En 2001 quedaban 25 vecinos; en 2010, solo dos personas. Desde entonces, la población se mantuvo en ese mínimo durante años: el matrimonio formado por Jorge Fajardo y María Celia Romero. Mientras tanto, el resto del pueblo fue quedando reducido a construcciones vacías, una estación desmantelada y rastros cada vez más tenues de la vida comunitaria que había tenido.

Estela: el abandono final

La etapa final de Estela se escribió entre 2022 y 2023, cuando sus últimos habitantes decidieron mudarse.

Esa salida no fue presentada como una ruptura abrupta, sino como la consecuencia natural del paso del tiempo. En la entrevista citada por Sudoeste BA, María Celia explicaba que amaba el silencio y la tranquilidad de Estela, pero que junto a su marido habían empezado a notar que necesitaban estar más cerca de sus hijos y de la atención médica. En otras palabras, el abandono final fue también una decisión marcada por la edad, la soledad y la falta de servicios.

Estela hoy: memoria de un pueblo bonaerense

Hoy, Estela sobrevive en la memoria ferroviaria y en las ruinas que todavía siguen en pie. La estación ya no presta servicios de pasajeros y el paisaje del lugar quedó asociado a construcciones vacías, pastos altos y señales oxidadas, como las que aparecen en registros fotográficos y documentales sobre la zona. Más que un destino turístico convencional, es un símbolo del modo en que el retroceso del ferrocarril y la concentración de servicios en ciudades mayores fueron dejando pueblos enteros al borde de la desaparición.

La historia de Estela conmueve justamente por eso. No se trata solo de un pueblo abandonado, sino de una pequeña comunidad que alguna vez tuvo escuela, trabajo, tren y vecinos, y que terminó reducida al silencio. En el mapa bonaerense, su caso funciona como un recordatorio muy claro de hasta qué punto la red ferroviaria fue capaz de crear pueblos… y cómo su debilitamiento también pudo condenarlos al vacío.


Fotos: @Periodistán_

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