La bandera argentina es uno de los símbolos más reconocibles del país. Tiene tres franjas horizontales del mismo tamaño: dos celestes y una blanca en el medio, donde aparece el famoso sol dorado con rostro humano.
Ese sol no está ahí por casualidad: la Bandera Oficial de la Nación exhibe en el centro un sol color oro de 32 rayos, flamígeros y rectos alternados, que reproduce el grabado de la primera moneda argentina.
Pero para entender por qué tiene cara hay que mirar un poco más atrás que la bandera actual. El rostro del sol pertenece al Sol de Mayo, una figura que también aparece en el escudo y que se relaciona con la Revolución de Mayo.
El origen del Sol de Mayo

El Sol de Mayo apareció antes en otros símbolos patrios. El Museo Histórico Nacional explica que la Asamblea del Año XIII ordenó reemplazar el antiguo escudo de armas español y que Juan de Dios Rivera diseñó un nuevo sello con un sol naciente de 32 rayos.
Ese sol también quedó grabado en las primeras monedas patrias de 1813, sol que representa a Inti, la principal divinidad solar incaica.
La cara, entonces, no intenta mostrar un sol real como el que vemos en el cielo. Es una representación simbólica: un sol humanizado, heredero de tradiciones visuales antiguas y asociado al nacimiento de una nueva etapa política.
¿Cuándo se incorporó a la bandera?
La bandera celeste y blanca fue izada por primera vez por Manuel Belgrano el 27 de febrero de 1812, a orillas del río Paraná, en la actual ciudad de Rosario. Sin embargo, no siempre tuvo el sol en el centro. Su incorporación llegó por ley el 25 de febrero de 1818.
Ese agregado permitió distinguir la bandera de guerra de otros usos de la época. Con el tiempo, el sol quedó incorporado a la imagen oficial que hoy identifica a la Nación Argentina.
