Qué es el art nouveau y en qué rincones de Buenos Aires puede verse - Billiken
 

Qué es el art nouveau y en qué rincones de Buenos Aires puede verse

Art Nouveau: cómo es este estilo arquitectónico y en qué rincones de Buenos Aires puede verse
Con sus líneas curvas, sus motivos florales y su búsqueda de un arte más libre, el art nouveau dejó una huella fuerte en Buenos Aires. La Ciudad conserva centenares de edificios ligados a este movimiento
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A comienzos del siglo XX, muchas ciudades del mundo empezaron a cambiar de cara. En lugar de repetir moldes clásicos y simetrías rígidas, algunos arquitectos, artistas y diseñadores apostaron por una estética más expresiva y moderna. En ese contexto apareció el art nouveau, un movimiento que se expandió por Europa y luego por otras regiones del mundo.

Buenos Aires no quedó al margen de esa transformación, ya que el art nouveau encontró un terreno fértil. El sitio oficial de Turismo de Buenos Aires señala que muchos inmigrantes vieron en este estilo una forma de oponerse al academicismo francés, característico de la burguesía local.

Esa elección dejó una marca visible hasta hoy. Fachadas ondulantes, herrería artística, vitrales, cúpulas llamativas y detalles inspirados en la naturaleza siguen apareciendo en distintos barrios porteños. Por eso Buenos Aires integra la Ruta Argentina de Art Nouveau.

Cómo es el art nouveau y qué lo distingue

Art Nouveau: cómo es este estilo arquitectónico y en qué rincones de Buenos Aires puede verse
Fachada del Palacio de los Lirios.

El art nouveau nació como una reacción frente a estilos más rígidos y más apegados a las tradiciones académicas. En lugar de copiar modelos del pasado, propuso una estética nueva, con fuerte presencia de líneas curvas, asimetrías, formas orgánicas y referencias al mundo natural.

Entre sus materiales más usados estuvieron el hierro, el vidrio, la cerámica y otros recursos que la modernización de la época volvía cada vez más accesibles.

Pero el movimiento fue más allá de la arquitectura. También alcanzó la pintura, la escultura, las artes gráficas, la decoración y el diseño de objetos cotidianos. Una de sus ideas más fuertes era borrar la frontera entre las llamadas bellas artes y las artes aplicadas, con la intención de llevar belleza a la vida diaria.

Según el país, además, recibió nombres diferentes. En Alemania se habló de Jugendstil, en Austria de Sezessionstil, en Reino Unido de Modern Style, en Italia de Stile Liberty y en España de Modernismo. Aunque las variantes fueron muchas, todas remitían a una misma idea: la de un arte nuevo, moderno y vital, alejado de la rigidez de los estilos anteriores.

El art nouveau en Buenos Aires y la huella de los inmigrantes

En Buenos Aires, el art nouveau se vinculó de manera muy clara con arquitectos y comunidades de origen inmigrante. El caso del Casal de Catalunya es uno de los más conocidos.

Construido en 1889, fue durante años un espacio de encuentro para inmigrantes catalanes, y luego recibió refacciones de Juan García Núñez y Eugeni Camplloch, dos arquitectos seguidores de Antoni Gaudí. Allí se destacan los vitrales del bar, el cielorraso del foyer y las columnas con capiteles.

Muy cerca de ese edificio aparecen otras dos obras llamativas del mismo universo estético: el Palacio de los Lirios y la vivienda colectiva conocida como “No hay sueños imposibles”, ambas sobre la avenida Rivadavia y proyectadas por Eduardo Rodríguez Ortega.

El primero se reconoce por su fachada ondulante y por sus balcones curvos; la segunda, por su cúpula escalonada y por la frase en catalán que le dio su apodo.

Rincones porteños donde todavía puede verse

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Interior de la Galería Güemes.

Si se quiere reconocer el art nouveau en Buenos Aires, hay varios lugares que funcionan como buenas puertas de entrada:

  • Casal de Catalunya, por sus refacciones de inspiración gaudiniana y sus detalles interiores.
  • Palacio de los Lirios, por sus curvas, sus balcones y su ornamentación vegetal.
  • “No hay sueños imposibles”, por su cúpula y su inscripción en catalán.
  • Galería Güemes, una de las reliquias porteñas más reconocibles del estilo.
  • Palacio Vera, con puertas ondulantes, vidrios biselados y motivos botánicos.
  • Mirador Massué, donde vuelven a aparecer las fachadas ondulantes, el hierro y los diseños florales.

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