Moverse rápidamente bajo el agua no es sencillo. El agua es mucho más densa que el aire y ofrece una resistencia considerable a cualquier cuerpo que intenta atravesarla. Sin embargo, algunos peces evolucionaron hasta convertirse en nadadores extraordinariamente eficientes.
Para entender cómo nadan los peces, hay que combinar varias piezas: músculos potentes, movimientos ondulatorios, aletas especializadas y cuerpos que reducen el rozamiento. La vejiga natatoria, presente en muchas especies, también cumple un papel importante, aunque no funciona como un “motor”: su tarea principal es controlar la flotabilidad.
¿Cómo nadan los peces y de dónde sale el impulso?

La mayoría avanza mediante movimientos laterales del cuerpo y, sobre todo, de la aleta caudal, es decir, la cola. Al empujar agua hacia los costados y hacia atrás, el pez genera una fuerza que lo impulsa hacia adelante.
El fenómeno es más complejo de lo que parece. Al mover el cuerpo y la cola, los peces interactúan con el agua y generan vórtices o remolinos. La disposición de esos vórtices ayuda a producir una fuerza de reacción que impulsa al animal en la dirección contraria.
No todos nadan igual. Las anguilas, por ejemplo, ondulan gran parte del cuerpo. Los atunes y las caballas concentran buena parte del movimiento en la zona posterior y en la cola.
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La velocidad depende también de la forma. Los grandes nadadores de mar abierto, como atunes y peces de pico, suelen presentar un cuerpo fusiforme, parecido a un torpedo. Esta geometría ayuda a disminuir la resistencia mientras atraviesan el agua.
Expertos destacan varias características habituales de los peces veloces:
- Cuerpo alargado y aerodinámico, que reduce la resistencia del agua.
- Pedúnculo caudal estrecho, es decir, una zona muy fina justo antes de la cola.
- Cola rígida y en forma de media luna, capaz de producir empuje con menor resistencia.
- Músculos potentes, que permiten mover la parte posterior del cuerpo con gran energía.
- Pequeñas aletas adicionales, que pueden ordenar el flujo del agua alrededor del cuerpo.
La forma de la cola varía según el estilo de vida. Las redondeadas suelen favorecer maniobras y aceleraciones cortas; las ahorquilladas o con forma de media luna son comunes entre especies adaptadas a mantener velocidades elevadas.
¿Qué papel tiene la vejiga natatoria en cómo nadan los peces?

Aquí aparece una aclaración importante. La vejiga natatoria no hace que un pez nade más rápido. Su función principal es evitar que tenga que gastar constantemente energía para no hundirse o subir hacia la superficie.
Se trata de una cámara interna llena de gas presente en numerosos peces óseos. Al modificar la cantidad de gas, el animal puede cambiar su densidad y aproximarse a una situación de flotabilidad neutra: permanece a determinada profundidad sin tener que mover continuamente las aletas para sostenerse. NOAA explica que de esta manera el pez compensa la fuerza de gravedad utilizando un mínimo esfuerzo.
Hay distintas maneras de regularla. Algunos peces poseen una conexión entre la vejiga y el aparato digestivo y pueden incorporar o liberar aire. En otros, el gas entra y sale mediante intercambio con la sangre.
No todos los peces tienen vejiga natatoria. Los tiburones, por ejemplo, carecen de ella y utilizan otras adaptaciones —entre ellas un gran hígado rico en aceites y el movimiento de sus aletas— para controlar su posición en el agua.
Velocidad y flotabilidad son problemas diferentes
Un pez que quiera desplazarse eficientemente debe resolver al menos dos desafíos al mismo tiempo: avanzar y mantenerse a la profundidad adecuada.
La cola y los músculos producen gran parte de la propulsión. Las aletas permiten estabilizar, frenar y cambiar de dirección. La forma del cuerpo reduce la resistencia. Y, cuando existe, la vejiga natatoria ayuda a sostener al animal en la columna de agua sin desperdiciar demasiada energía.
Por eso, cuando preguntamos cómo nadan los peces con tanta facilidad, no existe una única respuesta. Su capacidad es el resultado de millones de años de evolución que ajustaron músculos, esqueletos, aletas y órganos internos al movimiento en un medio mucho más resistente que el aire.
Lo que desde afuera parece un simple movimiento de la cola es, en realidad, una extraordinaria combinación de biología y física.
