Un río avanza por la superficie hasta que, de pronto, parece terminar contra una pared de roca o perderse dentro de un agujero. Sin embargo, el agua no desaparece. En algunos paisajes existe toda una red de conductos debajo de nuestros pies capaz de recibir el caudal y transportarlo durante grandes distancias.
Así puede formarse un río subterráneo, un curso de agua que recorre total o parcialmente cavidades situadas por debajo de la superficie. Este fenómeno es especialmente frecuente en los llamados terrenos kársticos, donde ciertas rocas pueden ser disueltas lentamente por el agua.
¿Cómo se forma un río subterráneo?

Los paisajes kársticos suelen desarrollarse sobre materiales relativamente solubles, como caliza, dolomita, yeso o mármol. El agua de lluvia absorbe dióxido de carbono del aire y del suelo y se vuelve ligeramente ácida. Al filtrarse por grietas, puede disolver muy lentamente parte de esas rocas.
El proceso es casi imperceptible a escala humana, pero puede actuar durante miles o millones de años. Pequeñas fisuras terminan ensanchándose y conectándose hasta formar conductos, simas, cuevas y galerías capaces de transportar agua.
El recorrido puede resumirse así:
- El agua penetra por fracturas y poros de la roca.
- La disolución ensancha las grietas y crea conductos cada vez mayores.
- Un río superficial encuentra una abertura, como un sumidero, y entra al sistema.
- El agua continúa bajo tierra a través de galerías y cuevas.
- Puede volver a salir más adelante mediante un manantial o surgencia.
Por eso, decir que un río “desaparece” es una forma de describir lo que vemos desde la superficie. El curso continúa, solo que oculto.
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¿Por dónde entra el agua de un río subterráneo?
Una de las puertas de entrada más comunes es el sumidero, una depresión o abertura del terreno por donde el agua drena hacia el subsuelo.
El Servicio Geológico de Estados Unidos explica que los sumideros son especialmente frecuentes en regiones kársticas, donde la circulación de agua subterránea va disolviendo la roca y creando huecos. Algunos se forman lentamente y otros pueden aparecer cuando el techo de una cavidad pierde estabilidad y colapsa.
En otros lugares, el río puede introducirse directamente en la entrada de una cueva o perder parte de su caudal a través de fisuras del lecho.
El sistema subterráneo puede ser muy complejo. El agua no siempre sigue un único túnel continuo: puede dividirse, volver a unirse, atravesar cámaras y conectarse con otros cursos ocultos.
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¿Un río subterráneo puede volver a la superficie?

Sí, y eso es una de las características más sorprendentes del relieve kárstico.
El Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos señala que el agua puede viajar largas distancias por conductos subterráneos y finalmente reaparecer a través de manantiales, algunos ubicados en entradas de cuevas.
Incluso el movimiento puede ser mucho más rápido que en otros tipos de acuíferos. USGS explica que, en terrenos kársticos bien desarrollados, existen verdaderos arroyos subterráneos y que cursos de tamaño considerable pueden introducirse en la roca para reaparecer en otro sitio.
Un ejemplo citado en Aragón, España, muestra cómo los paisajes de roca caliza pueden esconder tramos de agua bajo tierra. El sitio Así es Aragón describe zonas donde los ríos se introducen entre grietas y galerías; en el entorno del río Vero, por ejemplo, el agua atraviesa cañones y cavidades vinculadas a ese modelado kárstico.
¿Es lo mismo un río subterráneo que un acuífero?
No exactamente.
Un acuífero es una formación geológica capaz de almacenar y transmitir agua dentro de poros, grietas o materiales permeables. El agua puede moverse allí sin ocupar necesariamente un canal abierto parecido al de un río.
En cambio, un río subterráneo circula por un conducto o galería suficientemente grande como para formar un curso definido. En los sistemas kársticos ambas situaciones pueden coexistir y conectarse.
Esta circulación rápida también tiene una consecuencia importante: los sistemas kársticos son especialmente vulnerables a la contaminación. Como el agua puede avanzar por grandes conductos sin pasar lentamente a través de capas de suelo que la filtren, una sustancia contaminante introducida en un sumidero puede alcanzar manantiales o ríos alejados.
Un río subterráneo, entonces, no es un río que mágicamente desapareció. Es la parte oculta de un paisaje modelado durante muchísimo tiempo por el agua.
Debajo de una superficie aparentemente sólida puede existir un verdadero laberinto de túneles, grietas y cuevas. Y el río que dejamos de ver puede seguir avanzando allí abajo hasta encontrar, quizá kilómetros después, una nueva salida hacia la luz.