El huracán Karina se convirtió en uno de los fenómenos meteorológicos más intensos de la actual temporada del Pacífico oriental.
Durante la mañana del 31 de agosto de 2026, el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC) informó que Karina era un huracán de categoría 4, con vientos máximos sostenidos de aproximadamente 230 km/h. Su centro se encontraba a unos 1.640 kilómetros al oeste-sudoeste del extremo sur de Baja California y se desplazaba hacia el oeste. En ese momento no había alertas costeras vigentes.
Pero entre todos los números publicados por los meteorólogos aparece uno particularmente llamativo: su presión central mínima era de 942 hectopascales (hPa), equivalentes a 942 milibares.
Para comparar, la presión atmosférica estándar al nivel del mar es de aproximadamente 1.013,25 hPa.
¿Por qué la presión cae tanto dentro de un gran huracán?
¿Qué es la presión atmosférica y qué significa 942 hPa?

Aunque no lo notemos, el aire tiene peso.
La enorme masa de gases que forma la atmósfera ejerce una fuerza sobre la superficie terrestre. Esa fuerza es lo que conocemos como presión atmosférica.
En meteorología suele expresarse en hectopascales (hPa) o milibares (mb). Ambas unidades tienen exactamente el mismo valor numérico: 942 hPa equivalen a 942 mb.
Una presión estándar al nivel del mar ronda los 1.013 hPa, aunque cambia constantemente según el lugar y las condiciones meteorológicas.
Por eso, los 942 hPa de Karina representan un valor extremadamente bajo.
Sin embargo, la comparación con 1.013 hPa sirve principalmente como referencia. Para entender la fuerza de los vientos de un ciclón importa especialmente cuánta diferencia existe entre la presión del centro de la tormenta y la presión del aire que la rodea.
¿Por qué baja la presión atmosférica dentro de un huracán?
Los huracanes son enormes sistemas de baja presión alimentados por el calor y la humedad de los océanos tropicales.
El agua caliente favorece la evaporación. El aire húmedo asciende y, a medida que el vapor se condensa formando enormes nubes de tormenta, libera energía.
El aire que sube deja menos masa de aire cerca de la superficie y contribuye al descenso de la presión. Mientras tanto, más aire de las zonas vecinas intenta desplazarse hacia ese centro de baja presión.
Debido a la rotación de la Tierra, ese aire no viaja directamente hacia el centro: comienza a girar alrededor de él. De esta manera se desarrolla la enorme circulación característica de los ciclones tropicales.
En un huracán intenso, el centro llega a convertirse en una región de presión excepcionalmente baja rodeada por una enorme masa de aire en movimiento.
La NOAA explica que la baja presión y los fuertes vientos de los huracanes están estrechamente relacionados mediante procesos dinámicos y termodinámicos. El océano cálido aporta energía, mientras que la estructura del ciclón determina cómo esa energía se traduce en presión y viento.
Presión atmosférica y viento: ¿qué relación tienen?
Una forma sencilla de imaginarlo es pensar en una pendiente.
El agua corre con más fuerza cuando existe una diferencia importante de altura. En la atmósfera ocurre algo parecido con las diferencias de presión.
Los meteorólogos hablan de gradiente de presión: cuánto cambia la presión atmosférica entre dos lugares separados por cierta distancia.
Si alrededor de un huracán la presión es mucho mayor que en su centro, existe un gradiente intenso. Esa diferencia ayuda a acelerar el aire.
Por eso, en términos generales, cuanto mayor es la diferencia de presión entre el centro del huracán y su entorno, más fuertes pueden ser sus vientos.
Karina tenía una presión central estimada en 942 hPa y, al mismo tiempo, vientos sostenidos de 230 km/h.
Los vientos más intensos no suelen encontrarse dentro del ojo propiamente dicho, sino en la pared del ojo, el anillo de enormes nubes de tormenta que lo rodea. NOAA explica que allí aparecen habitualmente los mayores vientos superficiales de todo el ciclón.
¿La presión atmosférica determina la categoría de un huracán?

No. Este es uno de los puntos más importantes para evitar confusiones.
La escala de huracanes Saffir-Simpson, que va desde la categoría 1 hasta la 5, utiliza actualmente un único criterio: la velocidad máxima de los vientos sostenidos. No utiliza la presión central, la cantidad de lluvia ni la altura de la marejada para asignar una categoría.
Un huracán es:
- Categoría 1: entre 119 y 153 km/h.
- Categoría 2: entre 154 y 177 km/h.
- Categoría 3: entre 178 y 208 km/h.
- Categoría 4: entre 209 y 251 km/h.
- Categoría 5: 252 km/h o más.
Karina, con aproximadamente 230 km/h, pertenece a la categoría 4 por la velocidad de sus vientos, no por sus 942 hPa de presión.
La presión sigue siendo, sin embargo, un dato fundamental para que los meteorólogos comprendan el estado y la evolución de la tormenta.
¿Por qué dos huracanes con la misma presión pueden tener vientos diferentes?
La relación entre presión y viento no funciona como una tabla matemática exacta.
Dos ciclones pueden presentar una presión central parecida y, sin embargo, tener velocidades máximas de viento diferentes.
¿Por qué? Porque importa no solamente qué tan baja es la presión, sino también cómo cambia con la distancia.
La NOAA explica que el tamaño del ciclón y el radio en el que aparecen los vientos máximos modifican la relación entre presión y viento. Un huracán pequeño puede concentrar una gran diferencia de presión en una distancia muy corta y producir vientos extremadamente fuertes. Uno más grande puede repartir esa diferencia sobre una superficie mucho mayor.
Por eso, los especialistas advierten que no debe suponerse automáticamente una determinada velocidad del viento a partir de la presión central.
En otras palabras: 942 hPa indican que Karina tiene un centro de muy baja presión, pero ese número por sí solo no alcanza para saber cuánto viento tiene.
¿El ojo tiene los vientos más fuertes?
Curiosamente, no. El ojo es una región aproximadamente circular ubicada en el centro de los ciclones tropicales intensos. Allí se encuentra la presión superficial más baja, pero los vientos pueden ser considerablemente más débiles y hasta pueden aparecer sectores con pocas nubes.
La zona realmente violenta es la pared del ojo.
Allí el aire asciende rápidamente y se desarrollan enormes tormentas, lluvias intensas y los vientos máximos.
Por eso, si pudiéramos atravesar un huracán desde afuera hacia adentro, primero experimentaríamos vientos crecientes, luego las condiciones extremas de la pared del ojo y finalmente una relativa calma al ingresar al centro.
Al salir por el otro lado, habría que atravesar nuevamente la pared y sus vientos extremos.
¿Cómo saben los científicos cuál es la presión de un huracán?
Los meteorólogos utilizan distintos sistemas para conocer la presión y los vientos de los ciclones.
Entre ellos aparecen:
- Satélites meteorológicos;
- Boyas oceánicas;
- Estaciones de superficie;
- Radares;
- Modelos atmosféricos;
- Aviones de reconocimiento, cuando están disponibles.
Estos últimos pueden lanzar instrumentos llamados dropsondas, que descienden a través de la tormenta y miden variables como presión, temperatura, humedad y viento mientras caen.
Los datos obtenidos permiten conocer mucho mejor la estructura interna de un ciclón y seguir cómo cambia su intensidad.
En el caso de Karina, el NHC estimaba durante la mañana del 31 de agosto una presión mínima de 942 hPa, mientras seguía vigilando si el sistema podía intensificarse todavía más durante el día.
¿Por qué la presión de Karina es un dato importante?
Billiken ya explicó que los huracanes son ciclones tropicales y que obtienen gran parte de su energía del calor y la humedad de los océanos cálidos. También se diferencian de los ciclones extratropicales habituales en las latitudes de Argentina.
La presión agrega otra pieza al rompecabezas.
Cuando un ciclón tropical se intensifica, los meteorólogos suelen observar simultáneamente una caída de la presión central y un aumento de los vientos. Pero cada tormenta tiene su propia estructura, tamaño y evolución.
Por eso, los 942 hPa de Karina no son simplemente otro número dentro de un informe meteorológico.
Permiten entender una característica fundamental de los grandes huracanes: en su corazón existe una enorme depresión atmosférica, y la diferencia entre ese centro de baja presión y el aire circundante ayuda a impulsar algunos de los vientos más poderosos que pueden producirse en nuestro planeta.

