¿Cómo puede una semilla viajar por el aire? - Billiken
 

¿Cómo puede una semilla viajar por el aire?

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Aunque las plantas no pueden desplazarse, algunas de sus semillas utilizan estructuras similares a paracaídas y alas para aprovechar el viento y recorrer grandes distancias.
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Una semilla no tiene motor, músculos ni alas como las de un pájaro. Sin embargo, algunas pueden mantenerse en el aire, girar, planear y recorrer grandes distancias gracias al viento. Para conseguirlo, las plantas desarrollaron estructuras que aprovechan principios físicos como la resistencia del aire, la sustentación y la rotación. Así, algo diminuto y aparentemente inmóvil puede convertirse en un sorprendente viajero.

Este tipo de desplazamiento recibe el nombre de dispersión por viento o anemocoria. Para las plantas representa una ventaja importante: como no pueden cambiar de lugar por sí mismas, dispersar sus semillas permite que una nueva generación pueda crecer lejos de la planta que la produjo.

¿Cómo logra una semilla mantenerse en el aire?

Naturaleza.

La gravedad atrae a cualquier semilla hacia el suelo. Por eso, para viajar lejos necesita conseguir algo fundamental: caer lentamente.

Una de las maneras de lograrlo es ser muy liviana y presentar una gran superficie en relación con su peso. De esta forma, el aire ofrece mayor resistencia a su caída y le da al viento más tiempo para transportarla.

La distancia final depende de varios factores. Entre ellos se encuentran el peso y la forma de la semilla, la altura desde la que comienza a caer y la velocidad del viento. En general, cuanto más despacio desciende y cuanto mayor sea la altura desde la que parte, mayores serán sus posibilidades de alejarse.

Algunas plantas desarrollaron estructuras parecidas a alas, pelos o plumas. Kew Gardens explica que existen semillas adaptadas para desplazarse mediante verdaderos “paracaídas” y otras que funcionan como pequeños planeadores.

La semilla del diente de león funciona como un paracaídas

Uno de los casos más conocidos es el diente de león. Cada uno de sus pequeños frutos lleva en la parte superior una estructura formada por numerosos filamentos, llamada vilano o papus, que a simple vista parece un diminuto paracaídas.

Durante mucho tiempo se supo que esta estructura ralentizaba la caída, pero investigadores de la Universidad de Edimburgo estudiaron con detalle qué ocurre con el aire a su alrededor.

Descubrieron que, mientras el aire atraviesa los filamentos, se forma sobre ellos un anillo de aire en movimiento o vórtice separado físicamente de la estructura. Ese fenómeno aumenta la resistencia y ayuda a que la semilla permanezca suspendida durante más tiempo.

Lo curioso es que el “paracaídas” del diente de león está compuesto principalmente por espacios vacíos. Sin embargo, la disposición de sus finísimos pelos controla el paso del aire de una manera muy eficaz. Los investigadores comprobaron que este sistema puede permitir viajes de un kilómetro o más cuando las condiciones son favorables.

¿Por qué algunas semillas giran como una hélice?

Semillas.

No todas utilizan paracaídas. Los arces, por ejemplo, producen frutos alados conocidos como sámaras. Cuando se desprenden del árbol, comienzan a girar rápidamente mientras descienden.

Ese movimiento recibe el nombre de autorrotación. La forma del ala hace que el aire genere fuerzas que reducen la velocidad de caída. En lugar de precipitarse directamente hacia el suelo, la semilla permanece más tiempo en el aire y puede ser desplazada lateralmente por el viento.

Estudios realizados sobre semillas de arce mostraron que durante su giro aparece un pequeño vórtice cerca del borde del ala. Ese flujo de aire aumenta la sustentación y explica por qué estas semillas pueden descender de manera tan lenta y estable. Un mecanismo aerodinámico parecido también aparece en el vuelo de algunos insectos, aves y murciélagos.

Para la planta, el objetivo de todos estos mecanismos es el mismo: aumentar las posibilidades de que sus descendientes lleguen a otro lugar. Alejarse puede reducir la competencia por luz, agua y nutrientes con la planta madre y con otras semillas, además de facilitar la llegada a nuevos ambientes.

Así, aunque una planta permanezca toda su vida en un mismo sitio, una pequeña semilla puede aprovechar su forma, la gravedad y el movimiento del aire para iniciar un viaje que, en algunos casos, termina muy lejos del lugar donde comenzó.

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