Los glaciares pueden parecer montañas congeladas que permanecen exactamente en el mismo lugar durante décadas. Sin embargo, debajo de esa apariencia sólida ocurre algo sorprendente: el hielo se desplaza. Algunos avanzan apenas unos centímetros o metros por día, mientras que otros pueden alcanzar velocidades mucho mayores.
La clave está en su enorme tamaño. El National Snow and Ice Data Center (NSIDC) explica que un glaciar comienza a fluir hacia afuera y pendiente abajo debido a la presión de su propio peso. Aunque el hielo sea sólido, cuando está sometido durante mucho tiempo a enormes fuerzas puede deformarse lentamente.
¿Por qué se mueven los glaciares?

Un glaciar se forma cuando la nieve se acumula durante años, se comprime y termina transformándose en una enorme masa de hielo. Cuando alcanza suficiente espesor, su peso genera una fuerza capaz de deformarlo.
El responsable último del movimiento es la gravedad. En un glaciar de montaña, el hielo tiende a desplazarse valle abajo. En grandes mantos de hielo, como los de Groenlandia o la Antártida, fluye desde las regiones elevadas hacia los bordes.
El hielo puede comportarse de dos maneras diferentes. Si aplicamos una fuerza muy rápida, puede quebrarse y producir grietas. Pero bajo una presión sostenida durante meses o años, sus cristales pueden deformarse y desplazarse lentamente unos respecto de otros.
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) define precisamente a un glaciar como una acumulación permanente de hielo, nieve y otros materiales originada sobre tierra que se mueve pendiente abajo por acción de su propio peso y de la gravedad.
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Los glaciares pueden deformarse y también deslizarse
El NSIDC distingue dos mecanismos principales de movimiento.
- Deformación interna: la presión hace que el hielo cambie lentamente de forma y fluya. Este movimiento también recibe el nombre de creep.
- Deslizamiento basal: parte del glaciar se desliza sobre las rocas o sedimentos que hay debajo.
- Agua en la base: una fina capa de agua puede facilitar el deslizamiento y modificar la velocidad.
- Sedimentos húmedos: si el terreno debajo es blando y contiene agua, también puede favorecer el movimiento.
El agua basal puede proceder del derretimiento del propio hielo o llegar hasta el fondo a través de grietas y conductos.
La fricción también importa. La zona inferior está en contacto con el terreno, por lo que normalmente se desplaza más lentamente que las partes superiores. El NSIDC señala que la superficie puede moverse más rápido precisamente porque experimenta menos rozamiento con el suelo.
¿Todos los glaciares avanzan a la misma velocidad?
No. La velocidad depende del grosor del hielo, la pendiente, la temperatura, la presencia de agua y las características del terreno.
En muchos casos el movimiento normal se mide en metros o fracciones de metro por día. Pero existen excepciones extraordinarias.
El USGS documentó, por ejemplo, que el glaciar Columbia, en Alaska, aumentó su velocidad cerca del frente desde aproximadamente 5 metros diarios hasta unos 30 metros diarios entre 1982 y 2000.
También existen los llamados glaciares surgentes, capaces de acelerar espectacularmente durante períodos relativamente breves. Según el USGS, el glaciar Kutiah, en Pakistán, recorrió más de 12 kilómetros en apenas tres meses durante 1953, con un promedio cercano a 112 metros diarios.
Por eso, hablar de “velocidad de un glaciar” implica observar un sistema que puede cambiar según la estación y las condiciones ambientales.
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¿Cómo pueden retroceder los glaciares si siempre fluyen hacia adelante?

Esta aparente contradicción tiene una explicación sencilla.
Cuando se dice que los glaciares retroceden, no significa que el hielo haya comenzado a moverse montaña arriba. El término describe lo que ocurre con su extremo final, conocido como frente o terminus.
Si llega hielo nuevo más rápido de lo que se derrite o se desprende, el frente avanza. Si la pérdida por derretimiento o desprendimiento supera al hielo que llega desde arriba, el frente retrocede.
El NSIDC compara este funcionamiento con una especie de cinta transportadora: incluso un glaciar cuyo frente está retrocediendo puede continuar deformándose y desplazándose pendiente abajo.
Ese movimiento también transforma el paisaje. Mientras avanzan, los glaciares pueden erosionar rocas, transportar enormes cantidades de sedimentos y dejar huellas que permanecen mucho después de que el hielo desaparece.
Por eso, detrás de su apariencia inmóvil, los glaciares son estructuras extraordinariamente dinámicas. El movimiento puede ser demasiado lento para que nuestros ojos lo perciban en unos minutos, pero la gravedad trabaja sin descanso y convierte a esas gigantescas masas sólidas en verdaderos ríos de hielo.