El paraguas no nació, curiosamente, como un objeto pensado para la lluvia. Sus antepasados fueron sombrillas creadas para proteger del Sol en regiones cálidas y muy luminosas. De hecho, la palabra inglesa umbrella se relaciona con el latín umbra, que significa “sombra”.
Durante siglos, estos objetos no solo dieron sombra: también funcionaron como símbolos de poder. En representaciones antiguas de Egipto y Nínive aparecen reyes o figuras importantes acompañados por sombrillas sostenidas sobre sus cabezas. En varios lugares de Asia, además, estuvieron asociados a la realeza y al prestigio social.
Paraguas: de la sombra al agua

Las primeras sombrillas documentadas se usaron hace más de 3.500 años en el Antiguo Egipto, con materiales simples como hojas de palma unidas a un palo. En zonas desérticas, la prioridad era evitar el Sol, no la lluvia.
El cambio comenzó cuando se buscaron materiales capaces de resistir el agua. En China, hacia el siglo XI a. C., se desarrollaron paraguas de seda impermeabilizados, asociados al uso de nobles y gobernantes. Allí también se ensayaron técnicas con barnices y ceras para que la tela repeliera mejor la lluvia.
Algunos momentos importantes de esta historia fueron:
- Antiguo Egipto: uso de sombrillas como protección solar y símbolo de poder.
- Siglo XI a. C.: desarrollo de paraguas impermeabilizados en China.
- Grecia y Roma: difusión de sombrillas como accesorios de lujo.
- Siglo XVIII: expansión del paraguas como objeto de uso cotidiano en Europa.
- 1928: aparición de modelos de bolsillo asociados a Hans Haupt.
- 1969: Bradford E. Phillips patentó un mecanismo plegable moderno.
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En Grecia y Roma, las sombrillas fueron utilizadas como accesorios de lujo, sobre todo por mujeres de sectores acomodados. Después de la caída del Imperio romano, su uso perdió fuerza en Europa y volvió a ganar presencia durante el Renacimiento, especialmente entre nobles de Francia, Italia e Inglaterra.
Durante mucho tiempo, llevar paraguas en público fue visto como una costumbre femenina o aristocrática. Esa idea empezó a cambiar en Inglaterra en el siglo XVIII. Uno de los personajes más citados es Jonas Hanway, un viajero y filántropo que solía caminar por Londres con paraguas y ayudó a normalizar su uso entre los hombres.
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El paraguas moderno y plegable

El gran salto técnico llegó con materiales más livianos, varillas resistentes y telas impermeables. A partir de entonces, el paraguas dejó de ser un objeto pesado o exclusivo y se transformó en un accesorio de uso diario.
Los modelos plegables completaron esa evolución. En 1928 aparecieron paraguas de bolsillo vinculados con Hans Haupt, y décadas después surgieron mecanismos más compactos y funcionales. También se multiplicaron los diseños: largos, plegables, automáticos, transparentes, reforzados contra el viento y hasta modelos de plástico que se hicieron populares en Japón durante el siglo XX.
Así, el paraguas pasó de ser una sombra portátil a convertirse en una defensa contra la lluvia. Su historia demuestra cómo un objeto cotidiano puede cambiar de función, materiales y significado sin perder su idea original: acompañar a las personas bajo el cielo.