Para entender cómo se forman las montañas, hay que mirar debajo de la superficie. La corteza terrestre no es una pieza única: está dividida en placas tectónicas que se desplazan muy lentamente sobre zonas más profundas del planeta. Cuando esas placas chocan, se separan o se hunden unas debajo de otras, pueden originar cordilleras, volcanes y grandes elevaciones del relieve.
Las montañas no aparecen de un día para el otro. Su formación suele durar millones de años y recibe el nombre de orogénesis. Después, el viento, el agua, el hielo y los cambios de temperatura las desgastan, tallan sus valles y modifican sus cumbres.
Cómo se forman las montañas por choque de placas

Una de las formas más conocidas ocurre cuando dos placas continentales se empujan entre sí. Como ninguna se hunde fácilmente bajo la otra, las rocas se comprimen, se pliegan y se elevan. En comparación, algo parecido sucede cuando se empuja una alfombra desde los extremos: su superficie se arruga y forma pliegues.
Así se originan muchas montañas de plegamiento. El ejemplo más famoso es el sistema del Himalaya, que comenzó a levantarse por el choque entre la placa India y la placa Euroasiática. Ese proceso continúa en la actualidad, por eso la región sigue siendo geológicamente activa.
Algunos datos clave ayudan a ordenar la explicación:
- Placas tectónicas: grandes fragmentos rígidos de la corteza terrestre.
- Orogénesis: proceso de formación de montañas.
- Plegamientos: deformaciones de capas de roca por compresión.
- Himalaya: cordillera formada por la colisión de India con Eurasia.
- Andes: cordillera vinculada con la subducción de una placa oceánica bajo Sudamérica.
Cómo se forman las montañas volcánicas
No todas las montañas nacen por plegamiento. Algunas se forman cuando el magma asciende desde el interior de la Tierra y llega a la superficie mediante erupciones. Con el tiempo, la lava, las cenizas y otros materiales se acumulan alrededor del cráter y construyen un edificio volcánico.
Esto puede ocurrir en zonas de subducción, donde una placa se hunde debajo de otra. Al descender, parte del material se calienta y favorece la formación de magma. Luego, ese magma asciende y puede alimentar una cadena de volcanes. El Cinturón de Fuego del Pacífico reúne numerosos ejemplos de este tipo de actividad.
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¿Las montañas siguen cambiando?

Sí. Aunque parezcan estructuras definitivas, las montañas siguen transformándose. Algunas continúan elevándose por movimientos tectónicos, mientras que otras se desgastan por la erosión. Los glaciares pueden abrir valles profundos, los ríos cortan quebradas y el viento pule rocas expuestas.
Por eso, una montaña es el resultado de dos fuerzas que actúan al mismo tiempo: desde abajo, la Tierra empuja y eleva; desde arriba, el clima desgasta y modela. Esa combinación explica por qué cada cordillera tiene una forma, una altura y una historia distinta.
